DUNE PARTE 2: YIHAD PLANETARIA

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El poder es un gusano que se ha deslizado a lo largo de la cronología humana devorando todo lo que sea a su paso. Las ambiciones humanas se han visto propagadas no solo a través de la codicia si no a través de la fe, hecho que ha sido instrumentalizado por los primeros para lograr cotas más altas de dominio. En esta batalla entre opuestos para controlar el medio, en el fondo no hay buenos ni malos. Sólo grises y un sentido de la humanidad vista como mercancía desechable.

Estas ideas son las que expone Denis Villeneuve en la segunda parte de su Dune, con la que cierra el círculo expuesto en la parte uno. Ambas cintas merecen ser vistas una tras la otra. Tras ver la primera parte queda patente que esta adaptación de la obra de Frank Herbert del mismo nombre, es en realidad una gran película de 6 horas, estructurada de modo que los arcos narrativos acaben encajando en su desenlace; uno tan culminante como coherente, tan satisfactorio como espeluznante.

La historia de Dune es el camino de héroe, pero su desarrollo es atípico, ya que se introduce en sus contradicciones. A lo largo del film vemos el dilema de Paul Atreides (magnífico Chalamet) sobre abrazar o no su rol de elegido. Para eso, el film se marca un primer bloque en el desierto con una plasticidad pocas veces vista en pantalla y sustentado principalmente en la relación sentimental Chani-Paul, que a su vez es la tensión entre dos formas de ver la lucha contra los Harkonen o el Emperador. En esa parte, el rol de un brillante Javier Bardem es fundamental a la hora de encarnar el pueblo que debe ser guiado a la tierra prometida.

Poco a poco, se va deslizando el rico mundo de Dune, con una complejidad tan fascinante como su operística puesta en escena. El mundo de los Harkonen y los chispazos del planeta donde reside el emperador se van articulando con concisión pero precisión para poder entender los hilos que mueven esta cosmología. Es aquí donde el film gana en variedad y la película crece. Aunque dentro de la grandilocuencia de grandes momentos, tales como los protagonizados por gusanos, o los duelos en el desierto, -muy en la línea de las escenas de acción de Sicario-, este Dune gana en épica en el contraste con el pequeño gesto. De ese modo, imagen y miradas, lo íntimo y lo enorme se dan cita en un blockbuster bello, atípico y colosal.

Dune parte Dos dificilmente gustará a quien no le gustó la primera parte. El ritmo sigue siendo pausado, lo onírico continua teniendo su importancia y aunque tenga más momentos de acción que la anterior parte se sigue moviendo por el mismo mar de dunas que el anterior. Además, el resultado mejora con creces la versión de David Lynch, que mucho más camp e inconexa, aunque también considero disfrutable. Eso sí, un aviso: Personalmente, aún no puedo compararla aún con la fuente original, aunque voy a remediar ese escollo en cuando pueda porque la historia bien lo merece. Por cierto, quien me pregunte si Dune es una magnífica película y un blockbuster con sello de autor, mi respuesta es un sí rotundo. Además, también diré que este Dune nos habla también de hoy, -y también de ayer-, de cómo la historia se escribe con sangre, fe y, sobre todo, de cómo controlar unos recursos tan volátiles como la especie que recorre todo el planeta Arrakis.

JOAN BOTER.-

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