WHITE BOY RICK: ADOLESCENCIA CRIMINAL

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White Boy Rick, de Yann Damage, cuenta una historia real. La de un chico adolescente, Rick Wershe (Richie Merrit), apodado “White Boy Rick”, que vivió en Detroit en la década de los 80 y que se dedicó a hacer tratos y “amistad” con los traficantes de droga negros de su localidad convirtiéndose, además, en el informante del FBI y en el blanco de sus “socios” que lo vieron como un traidor. Un personaje surgido de la calle y hecho a sí mismo, que procedía de una familia humilde, cuyo padre, Rick (Matthew McConaughey) era un perdedor divorciado que vendía armas para sobrevivir y conseguir salir adelante y montarse el videoclub de sus sueños y cuya hermana era una adicta a las drogas que huyó de casa con un pequeño traficante.

Un chico que se vio obligado a dejar la niñez -al igual que su hermana- y entrar a la edad adulta de golpe y porrazo, a base de estar implicado en negocios ilegales, entre tráfico de armas, drogas, fiestas y escarceos con mujeres, algunos de ellos con consecuencias.

La película acierta en el retrato familiar disfuncional, con un Matthew McConaughey que se erige como el alma de la película, un padre al que todos sienten como perdedor y fracasado, pero que no se cansa de ver el vaso medio lleno y el lado positivo de la vida en circunstancias adversas, teniendo que hacer frente a los problemas de drogadicción de su hija y a los derivados de la vida criminal como traficante de droga que acarrea su hijo. El drama de esta familia disfuncional pasa por delante de sus ojos, conmoviendo al espectador con sus estados de ánimos de tristeza, alegría, resignación, estupefacción, lucha por la supervivencia, etc. También, la película, funciona como coming-of-age o fin de la inocencia de unos niños que se convirtieron en adultos por las malas decisiones que tomaron en la vida.

Con referencias a títulos como Scarface, Uno de los nuestros o Atrapado por su pasado, este thriller dramático se acerca más a la serie B en su ejecución y resolución que a estos títulos capitales del cine criminal y de gángsters surgidos de la nada. Aún así y, aunque hay momentos que nos resultaron algo previsibles, se sigue con interés por el buen hacer de su reparto -especialmente por el citado McConaughey y por Bel Powley- y por la sensación de fatalidad que recorre todo el film.

SONIA BARROSO.-

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