WE NEED TO DO SOMETHING, INEXORABLE, NITRAM y THE SAMEJIMA INCIDENT EN SITGES 2021

¿Qué pasaría si una familia se quedara atrapada en su propia casa tras una tormenta, sin comunicaciones ni posibilidad de salir al exterior de nuevo? Con esta premisa, el director Sean King O’Grady articula We need to do something, una película que podría recrear las mismas sensaciones que tuvimos durante el confinamiento por COVID, pero con elementos mucho más sangrientos y tóxicos. Vamos viendo los peligros y los miedos con los que se va enfrentando cada miembro de la familia, compuesta por un niño con un poco de mala suerte, una joven con una novia un poco oscura, un padre que acaba exasperando y una madre más conciliadora y resolutiva.

Los coqueteos con el subgénero de brujería y con la survival movie no nos acaban de convencer, aunque hay secuencias que provocan verdadera angustia y desagrado.

Lo mejor es el personaje de la madre, interpretado por Vinesa Shaw, en un film que está entre el drama familiar, el thriller sobrenatural y el horror, pero que acaba haciéndose bastante cuesta arriba para el espectador.

Inexorable, de Fabrice Du Weltz, parte de un argumento que podría ser típicamente de un telefilm de sobremesa: Una chica aparentemente tímida y dulce que entra a trabajar con una familia adinerada y, cuya obsesión por el señor de la casa, en este caso, un exitoso escritor, puede acabar desestabilizando y rompiendo el núcleo familiar. Una familia aparentemente idílica compuesta por un marido talentoso, una esposa que es su mano derecha, su hija preadolescente y su perro (atención al elemento canino porque es importante en la trama y nos acabará haciendo sufrir).

La maestría de Du Weltz (Calvaire, Adoración) para crear una atmósfera -primero tranquila para posteriormente convertirse cada vez en una más turbia y amenazante- es asombrosa. Esta tensión constante y la opresión la consigue con una fotografía elegante y una estética muy cuidada, que se pasea desde el thriller hasta el drama para abrazar el horror más puro. Los actores están en estado de gracia, muy especialmente el elemento distorsionador, la joven actriz Alba Gaïa Bellugi, que es todo un descubrimiento, y Benoît Poelvoorde.   Increíble me resultó el tramo final, con un plano de cierre que difícilmente olvidará el espectador. La belleza del horror en estado puro.

Nitram, de Justin Kurtzel, es un drama psicológico, basado en hechos reales (la matanza que tuvo lugar en la zona turística de Port Arthur en Australia). La película del director de Macbeth se centra en la figura de Jones (Caleb Laundry Jones), un chico con algunos problemas de adaptación y personales, errático y sin trabajo ni una meta en su vida, quién desencadenó la matanza con más víctimas de la historia de Australia. Así, descubriremos su relación con su madre y con su padre, el respiro que supone la amistad que entabla con una vecina solitaria y extravagante, que se convierte en un bálsamo para su situación, y cómo una serie de desgracias hacen que acabe abrazando la violencia como única salida.

La película no trata de juzgarle en ningún momento y la violencia se muestra siempre fuera de cámara y de plano. Qué no por ello es menos impactante, sino que lo es más y resulta un recorrido sumamente terrorífico que, a su vez encierra una crítica a cómo cualquier persona en la actualidad puede hacerse con un arma de gran calibre (hay una secuencia en la que el espectador puede incluso llegar a reírse por la incomodidad y la locura que supone esa situación). Kurtzel nos hiela la sangre y, por ello, es merecidísimo el premio al mejor director. Así como el de mejor actor para Caleb Laundry Jones, un ser que transita por todos los estados de ánimo.

The Samejima incident es una película japonesa mil y una veces vista. Un grupo de amigos que se videollaman y empiezan a pasarles fenómenos extraños relacionados con una violenta y sangrienta maldición que se expande como un virus y que recaerá sobre todos aquellos que hablaron sobre ella. Una montaña rusa de jumps scares y momentos de gritos y llantos de los protagonistas cada vez más aterrados por lo que se les viene encima y por todo lo que harán para evitarlo e intentar salvarse.

El espectador se ha de tomar la película como lo que es, un divertimento de horror que sigue las formulas y los tópicos del subgénero, y que contiene escenas que provocan risas, incluso involuntariamente.

Este cóctel con elementos de films como Host, Leyenda Urbana y Seven es tan predecible y poco original, como más o menos entretenido, pero también muy olvidable una vez acabas de verla.

SONIA BARROSO.-

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