VIUDAS: SORORIDAD EN EL ATRACO PERFECTO

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Steve McQueen es un director al que le gusta sacar mucha punta e incomodar al espectador en todas sus películas, es lo que venimos apreciando en sus trabajos desde Hunger hasta Doce años de esclavitud pasando por Shame. Viudas, su última película y quizás su trabajo más comercial y aparentemente “accesible” hasta la fecha, comienza con una secuencia interracial que puede sorprender al espectador (no sólo por el hecho de ser interracial, sino por la edad de los protagonistas, y no decimos más) para conducirnos hasta el periplo personal de cuatro mujeres.

Pero centrémonos en lo que importa: Si hasta ahora las películas de McQueen se centraban en figuras masculinas, aquí tenemos cuatro figuras femeninas de vital importancia: Cuatro mujeres, tres de ellas que han perdido a sus maridos que estaban al otro lado de la ley y tendrán que reestablecerse, recuperar su dignidad como mujeres, saldar una deuda y salir adelante en la vida (lo que no es moco de pavo), mientras que la cuarta es una peluquera de color pluriempleada, que tiene que dejar a su hija al cargo de su madre para ir a hacer de canguro de otras niñas (¡paradojas de la vida!) para poder llegar a fin de mes.

Las cuatro mujeres están magníficamente interpretadas por cuatro actrices que representan distintas minorías: Dos de ellas, de color, una de mayor poder adquisitivo aparente y la otra, de clase obrera, interpretadas de manera soberbia por Viola Davis -creo que la fortaleza y la decisión de este personaje va a hacer que consiga el Oscar, sus líneas de diálogo y sus réplicas y contrarréplicas con el resto de personajes no tienen desperdicio-, y por Cinthia Erivo -la actriz revelación del año, que resulta igual de solvente cantando en Malos tiempos en el Royale, como corriendo y haciendo un papel más físico y dramático aquí-.  Una latinoamericana, madre coraje y autónoma en apuros, interpretada por Michelle Rodríguez (en el mejor rol de su carrera), y una inmigrante polaca en EEUU, que vivía “mantenida” por su marido y que, al enviudar, se verá obligada a ganarse la vida y a espabilarse por otras vías, encarnada por Elisabeth Debicki. Cuatro mujeres de distinta edad, etnia y condición social y personal, engañadas por los que fueron sus maridos, con la que cualquier espectadora sentirá empatía o podrá identificarse con algo de lo que aquí se cuenta. Ésta es una consideración muy personal de servidora, pero pienso que así va a ser.

La sororidad entre las cuatro mujeres me resulta lo más interesante de una película que coquetea con el drama personal y con el thriller -y que contiene algunas secuencias de acción de órdago, sin omitir momentos sangrientos de impacto y giros de guión-, y que pierde algo de fuelle cuándo quiere centrarse en la corrupción en la política con el cara a cara entre el candidato blanco y el negro a las elecciones de la alcaldía de Chicago, ciudad dónde se desarrolla la acción. Personajes relevantes, aunque más secundarios, Liam Neeson -en un papel clave del que no conviene desvelar nada-, Colin Farrell, Robert Duvall y Daniel Kaluya. No obstante, la historia de las vicisitudes y de la planificación del atraco perfecto por parte de las cuatro féminas protagonistas y de la sororidad entre ellas eleva el film más allá del mero drama y thriller. Una nueva versión de la historia, basada en la novela de Lynda LaPlante, y que cuenta con una guionista de lujo, Gillian Flynn, la autora de Perdida, que firma este libreto.

SONIA BARROSO.-

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