VIDA, MUERTE Y REFLEXIÓN

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Es muy complicado tratar temas tan delicados y controvertidos como la eutanasia. Son opiniones que tratan de temas tan arraigados al ser humano y a sus creencias que polarizan sea cual sea el ángulo con el que se nos presente. En el caso de Corazón Silencioso puede suceder así. Un film con un discurso concreto del tema en el que no valen las medias tintas.

La ideología de cada uno puede tomar un rol relevante a la hora de aceptar la propuesta. Pero en lo que a términos cinematográficos no solo hay poco que reprochar. Difícilmente hallaremos un drama nórdico en tal estado de gracia en lo que se refiere a dirección, factura, libreto e interpretaciones. El film de Billie August tocó fibra en el Zinemaldia de la pasada edición y Paprika Steen ganó el premio a mejor actriz. Su interpretación es merecedora del premio, pero también la de las demás actrices de este relato sobre una mujer que decide terminar con su enfermedad terminal antes de hora. Su familia, consciente de ello, pasará un último fin de semana con ella para “despedirse”. Sin embargo, no todo será tan “fácil”…

Después de la estupefacción general por su primer acto, el film remonta gracias a enfocar las grietas de un relato que huye del sermón, de lo convencional y sí busca las preguntas del espectador. No en vano, Corazón Silencioso realiza una radiografía de la sociedad nórdica de lo más acertada. No es la primera vez que hablamos de su frialdad fascinante que me provoca ese cine en estas líneas, fruto del choque con la mentalidad más cálida de nuestro país. Pero pocas veces resulta tan acertada. Incluso en un tema tan duro, August se atreve con el humor sin ofender, sin ser forzado o natural en un momento de antología ya que manifiesta de forma magistral el surrealismo de la fugacidad humana.

August sabe lo que quiere y cómo. Y eso, muy pocos saben hacerlo.

JOAN BOTER ARJONA.-

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