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VERÓNICA: VIAJE A LOS INFIERNOS EN VALLECAS
agosto 23, 2017 Articulos

Verónica, de Paco Plaza, es una nueva incursión del director valenciano en el género de terror. Esta vez parte de unos hechos reales sucedidos en 1991 en el barrio madrileño de Vallecas, donde Estefanía Guetiérrez -en la película llamada Verónica-, una joven adolescente, vivió una serie de fenómenos paranormales en su propia casa junto a sus 3 hermanos menores, tras haber hecho una sesión de ouija con sus amigas. 

Plaza parte de esos acontecimientos para llevarnos, desde la realidad más cotidiana y familiar de una joven que va al colegio de monjas y es ‘obligada’ por las circunstancias -madre viuda que trabaja en un bar y está ausente muchas horas de casa- a cuidar de sus hermanos, conviertiéndose en una especie de segunda madre para ellos. El peso de la responsabilidad se ve aligerado al hacer cosas propias de la adolescencia, como escuchar a Héroes del silencio y compartir ratos con sus amigas, en uno de esos momentos, deciden hacer una sesión de ouija y ahí empieza su infierno. A Paco Plaza le interesa mucho indagar en la mirada de los más jóvenes: Los miedos y el vértigo de la adolescencia y de la infancia. En este sentido, la joven de 16 años Sandra Escárcena realiza un prometedor debut cargándose a sus espaldas gran parte del peso del relato, aunque sus hermanos pequeños, los también noveles Bruna González, Claudia Placer e Iván Chavero están estupendos, asimismo, las breves apariciones de Ana Torrent como la madre de los protagonistas son muy notables.

Plaza dosifica los momentos de tensión, angustia y desasosiego en varias escenas -desde las del juego de la ouija, hasta los primeros extraños sucesos, las pesadillas de la protagonista, etc- hasta llegar al clímax final, en el que todo se desata de manera más violenta posible. Además, se maneja con soltura,como es habitual, en el género, creando una atmósfera cada vez más opresiva y asfixiante. Y es que, partiendo de la realidad cotidiana reconoscible, en un barrio de la capital española y dentro de una historia familiar, el miedo que logra transmitir aún es más fuerte y más potente. Nunca volveremos a escuchar a Enrique Bumbury ni el jingle del anuncio de Centella -yo cuando sucedió tendría unos 12 ó 13 años y tengo relativamente frescos los referentes- Sorprenderá al espectador saber que la película está basada en un caso real y cuyo expediente policial resultante es el único en España en reconocer fenómenos paranormales en el desarrollo de los acontecimientos. Seguro que a los admiradores de la obra Plaza, fans del subgénero de posesiones –Expediente Warren, El Exorcista, etc- y de historias del Cuarto Milenio les va a apasionar. Los escalofríos están asegurados.

SONIA BARROSO.-

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