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VAN GOGH: LA LOCURA DEL GENIO
febrero 28, 2019 Articulos

Van Gogh: A las puertas de la eternidad, de Julian Schnabel, es una película complicada. ¿Y por qué decimos esto? No porque sea un biopic sobre los últimos años de vida del pintor post-impresionista Vincent Van Gogh, sino por su manera de plasmar sus ideas en la gran pantalla, de manera visual y narrativa muy particular. Con una mareante cámara, que no cesa de moverse, quizás en un intento por reflejar el contradictorio, asfixiante y desasosegante mundo interior del artista, el público puede sentirse agobiado y abrumado. Es una decisión de dirección arriesgada y pienso que puede tanto desconcertar como sacar al espectador convencional de la película que la acerca a otro de los films de Schnabel, La escafandra y la mariposa.

El biopic se centra principalmente en explicarnos no sólo el proceso creativo de la obra de Van Gogh -dónde y cómo pintaba, en qué lugares encontraba su inspiración, su relación con la naturaleza como una manera de acercarse a Dios, a la eternidad, su manera de pintar y de ver el mundo-, sino también en la necesidad vital imperiosa de pintar para sobrevivir, cómo vía de escape de un mundo que, a menudo, le resultaba hostil y extraño. Asimismo, se establece su relación, no sólo con el arte, sino con otras personas de su entorno, como los lazos que le unían a su hermano u a otros pintores coetáneos, como la amistad que le unió a Paul Gauguin. Y, poco a poco, nos vamos sumergiendo en la espiral de desasosiego que le llevó a la locura y su trágico final -aunque no se explica exactamente cómo se conocía previamente-.

No se entendería esta película sin la excelente labor interpretativa de Willem Dafoe, que recoge todas las obsesiones y contradicciones de Van Gogh y las hace suyas de manera extraordinaria. No en vano, ha sido uno de los nominados a los Oscars. Así mismo, está arropado por un reparto de altura, en el que destacan Óscar Isaac (Paul Gauguin), Rupert Friend (su hermano Theo) y en papeles menores, Niels Arestrup, Matthieu Amalric y Mads Mikkelsen.

En definitiva, una aproximación libre, extraña, convulsa y muy personal a los últimos años de la biografía de un genio que no conoció la fama ni en reconocimiento en vida pero, como buen visionario, intuyó que su obra quizás sería para generaciones posteriores. Y no se equivocó en sus pensamientos.

SONIA BARROSO.-

 

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