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TRENT REZNOR Y ATTICUS ROSS: LA INTERPRETACIÓN MUSICAL DEL CINE DE DAVID FINCHER
octubre 3, 2014 Noticias

 

Las bandas sonoras suelen ser una parte fundamental de una película, Haneke aparte. Hasta tal punto, que pueden llegar a convertirse en un elemento reconocible e identificativo de las mismas. Ejemplos como las bandas sonoras de Ennio Morricone para los filmes de Sergio Leone, la tan reconocible música de Nino Rota y Carmine Coppola para El Padrino, o la más reciente composición de Thomas Newman para American Beauty, basta con oír unos segundos para que evoquemos imágenes de las cintas, o alguna escena que nos haya impactado.

 

Estas simbiosis entre compositor y película no necesariamente se deben a melodías más o menos prodigiosas, sino a la capacidad de estas para fundirse con las imágenes y llenar esos espacios que estas abren, la forma en la que una melodía completa una escena. En este sentido, David Fincher no había tenido un compositor de cabecera, prefiriendo colaborar en cada película con quien le aseguraba la atmósfera musical que necesitaba en cada caso. Y así fue hasta La Red Social. En aquella ocasión, la composición de la banda sonora corrió a cargo de Trent Reznor y Atticus Ross. Ross se unió a Reznor (líder de los Nine Inch Nails), con quien hasta el momento había trabajado como productor, pero no como compositor. Su trabajo, además de reportarles premios (Oscar, Globo de Oro), marcó el inicio de una relación artística que, tras continuar con Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, llega ahora a su tercer capítulo con Perdida (Gone Girl).

 

Y lo cierto es que parece que las necesidades musicales de Fincher quedan más que cubiertas por Reznor y Ross, que logran encajar su música de una forma sinuosa y en algunos momentos hasta casi imperceptible en las películas. En La Red Social lograron una banda sonora con una base de piano y sintetizadores, alejada de los convencionalismos más clásicos. Una partitura oscura en muchos momentos, como la personalidad de Mark Zuckerberg y que ya desde el primer corte (Hand covers bruise), se muestra como una melodía sólida, por momentos reconocible y siempre intensa. Una de las escenas más celebradas de la película, la de la Real Regata Henley, es todo un ejercicio de perfecta combinación entre el montaje de fotografía y el musical, con esa versión electrónica del Hall of the Mountain King (pieza compuesta por Edvard Grieg en 1876, para la obra Peer Gynt).

 

La partitura que compusieron para Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, aunque partía de una base electrónica, tal y como lo hiciera su predecesora, resultó más intimista y menos reconocible. En muchas escenas, hay que hacer un esfuerzo consciente para detectar la música que, sin embargo, está muy presente durante todo el metraje de la cinta. Era una decisión muy meditada por parte del director y de los músicos, que decidieron permear todo el metraje con una capa musical que no respondiera al esquema de una banda sonora al uso, en la que se dan variaciones de varios temas. Aquí, dentro de un conjunto más o menos uniforme de melodías, cada escena tenía su momento musical. Tanto es así que la duración de la banda sonoras es de unos 170 minutos (unos veinte más que la película).

 

En esta ocasión, salvo en algunas escenas muy concretas, la música debía estar ahí, pero ser menos evidente, algo que llevó a algún crítico a preguntarse para qué se necesitaba entonces la banda sonora. A pesar de esto, la composición obtuvo buenas críticas en general, y desde el corte inicial, una versión de Immigrant Song (Led Zeppelin) interpretada por Karen O (Yeah Yeah Yeahs), pasando por temas intimistas como What If We Could? , logró que muchos destacaran que su aleación con la propuesta visual que hizo Fincher de la novela de Stieg Larsson, fuera aún más redonda que su anterior colaboración.

 

Y ahora llega Perdida (Gone Girl), con la incógnita de qué estilo de banda sonora tendrá: si una más intimista, al estilo Millennium, o una más reconocible, al estilo de La Red Social. En cualquier caso, lo interesante es que parece claro que tanto los músicos como el director se sienten cómodos con esta relación artística y parecen más que dispuestos a continuarla. Independientemente de criterios y gustos musicales más puros, está claro que Reznor y Ross son la respuesta musical perfecta a las cuestiones visuales que plantea Fincher.

IMMACULADA PILAR COLOM.-

 

 

 

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