THOMAS VINTERBERG: “DAVID LEAN ES MI MAYOR FUENTE DE INSPIRACIÓN”

Con motivo del estreno de Kursk asistimos al hotel Intercontinental en Madrid para conversar con su director, Thomas Vinterberg. Allí, con una sonrisa en la cara y disculpándose por entrar en la habitación segundos después de que lo hiciéramos nosotros, nos recibe. El director hace gala de un carácter agradable y muy educado, sus respuestas están llenas de pasión y amor por su trabajo, e invita al entrevistador a olvidarse de las formalidades y realizar la entrevista como si fuesen dos amigos charlando en un bar.

Si bien la película está tratada con realismo, se aleja del estilo más documentalista para acercarse a la épica. ¿Cuáles fueron tus inspiraciones?

Queríamos combinar la credibilidad y la pureza de los personajes, con la grandeza. Mi cine está muy alejado de este aspecto, pero para mí esta película trata sobre la injusticia, la familia y lo efímero del ser, ese es el corazón de la película, y esos sí son temas que ya han estado presentes en mi cine anteriormente, por lo que mi mayor preocupación era ser capaz de dotarla de grandeza. Para ello revisé las películas de David Lean como mi mayor fuente de inspiración.

¿Crees que es necesario hacer más películas que representen los asuntos de estado que el gobierno esconde a la sociedad?

Creo que siempre es importante investigar la naturaleza del poder en el equilibrio que hay entre el individuo y el grupo o gobierno. Otra cosa que representamos en esta película es la solidaridad o falta de solidaridad, y creo que es importante hacer películas sobre ello. Pero quien verdaderamente tiene el poder para hacer esto que me preguntas son los periodistas. Nosotros hacemos películas sobre emociones o sobre la humanidad, pero retratar la complejidad política es trabajo de los periodistas, y por suerte vivimos en una parte del mundo en la que no matan a ninguno por hacer este trabajo, pero esta zona del mundo parece cada vez más pequeña, por lo que creo que es importante que los periodistas hablen de ello.

En algunos de los momentos más dramáticos de la película los personajes tienen comportamientos cómicos. ¿Cómo fue equilibrar esos momentos para conseguir mantener la naturalidad de los actores?

Los momentos cómicos, que no son muy grandes, es algo que siento que da vida. Es una pequeña oportunidad para respirar. Yo hice una película, Festen, que aquí se llamo Celebración –pronunciada en perfecto castellano- en la que hacíamos lo mismo. Necesitas reír, entre tanto drama. Sin duda esto fue lo más difícil. Hacer que dieciocho actores se sumerjan en una piscina o hacer que las cosas exploten es fácil porque puedes contratar personal técnico para ello. Pero tener a dieciocho actores concienciados de que van a morir, y hacer que en un momento determinado se tomen un buffet de forma divertida, es tremendamente difícil conseguir que funcione.

¿Cómo llegó el guión a tus manos y qué es lo que te resultó más interesante?

Fue Matthias Schoenaerts quien me envió el guión, y realmente fue el tenerle a él en una historia como esta lo que me resultaba atractivo. Él hizo que creyera en ella, a pesar de que los personajes tuvieran que hablar en inglés sin ser de hablar inglesa. Si él está dentro puedo creerme realmente cualquier cosa, como que sea ruso y hable en inglés. Ahora bien, decidir hacer una película no es algo racional, es más parecido a cuando conoces a un chico o una chica y te empieza a gustar. Pasas por un proceso en el que intentas rechazar la película, pero luego por la noche dices voy a volver a leer el guión. Es una decisión difícil, pero al final te acabas rindiendo. Eso sí, diría que el noventa y nueve por cierto de las veces digo que no, porque me gusta escribir los guiones.

Consigues que la sensación de hermandad entre los actores sea completamente real, que todos estén perfectos en sus personajes. ¿Seguiste algún tipo de trabajo concreto, algún tipo de convivencia entre ellos?

Exactamente, primero contraté gente que seguían la receta de Kennedy, pensar en el grupo, qué pueden dar al grupo en lugar de qué pueden obtener ellos, en definitiva actores generosos. Después trabajé con ellos en los ensayos, y finalmente me los llevé a una especie de entrenamiento militar, tras el que nos íbamos a beber juntos. Algunos de ellos han acabado siendo grandes amigos míos, y se creó ese sentimiento de hermandad durante el rodaje. El único problema es que una vez que se acaba el rodaje todo se acaba, nunca me acostumbro a ello, todo es un truco de magia. Luego cuando los vuelvo a ver están diferentes, se han dejado barba, trabajan con otros directores… son unos bastardos infieles (risas).

Comenzaste en el Dogma 95, ¿Cómo te ha influenciado de cara al cine que realizas actualmente?

Con el Dogma 95 hicimos un gran esfuerzo para desvestir a una película. Se convirtió en un gran éxito y esto lo llevó a ser una moda, y así fue como desapareció el riesgo. Esa desnudez real que poseía se acabó convirtiendo en un uniforme, comenzaron a introducirse elementos realizados digitalmente. Se ha llegado al extremo de que en Dinamarca puedes incluso comprar muebles Dogma… Todo esto fue lo que me hizo alejarme de él. Pero lo que yo me he traído de aquella época a mis películas actuales es el intento de hacer algo puro. Ahora mismo me siento muy lejos de mi iglesia, Dogma, y muchas veces siento que ya va siendo hora de volver.

JOSU DEL HIERRO.-

 

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