THE RIDER: DOLOR Y POESÍA EN LA AMÉRICA PROFUNDA

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The Rider, de la directora Chloé Zhao, es un cóctel entre drama y western de corte intimista y un poco peculiar. Decimos peculiar porque, ambientándose en la América Profunda, de los cowboys que montan broncos o preparan caballos, se acerca más al documental de ficción o más bien a la ficción documentada pues es un drama realista intrepretado por actores no profesionales: El protagonista, Brady Jandreau, es un rider y preparador de caballos en la vida real que sufrió un accidente y cuyos padre y hermana autista de la película también lo son en la vida real . En este caso, pues, el film se “solapa” con la realidad y documenta el momento de crisis vital por el que transita Brady, un “rider” de broncos quien, tras sufrir un grave accidente al caer de un “bronco” se encuentra en la disyuntiva entre no renunciar a su pasión y su sueño, ser jinete de caballos de rodeo o llevar una vida relajada y “normal” para tratar de recuperar la salud y el equilibrio perdidos.

Es una cinta pausada, íntima y casi poética en el que conoceremos las secuelas de una profesión tan dura como apasionada y peligrosa como es la de jinete de caballos de rodeo, ya que uno de los compañeros, un prometedor y joven rider amigo ha quedado parapléjico en una silla de ruedas. La relación entre ambos es quizás de lo más lúcido de la película, sin caer nunca en la emotividad ni en la sensiblería innecesaría. Hermosa la relación de cuidarse el uno del otro entre Brady y su quinceañera hermana autista y asistiremos, también, a la tensión con su padre, quien fue, en cambio, el que le aficionó a los caballos y a los rodeos.

Película no apta para espectadores impacientes ni para aquellos que no aprecien el amor por los caballos o por la vida en la América Profunda (concretamente en Dakota del Sur), The Rider es un duro, realista y a la vez, lírico drama sobre los sueños y las oportunidades en la existencia y cómo un accidente puede causar un vuelco en personas tan jóvenes. Multipremiada en festivales como en la pasada Seminci, donde ganó la Espiga de Oro y mejor actor, The Rider produce una inusitada calma en el espectador, como contemplar un atardecer al son de una melodía o silbar a un caballo en la pradera. Un drama dotado de tanta sensibilidad como su protagonista, Brady Jandreau, toda una revelación.

Muy recomendable en sesión doble con Lean on Pete, de Andrew Haigh, un drama intimista con caballos mediante y un duro mensaje sobre el sentido de la vida y sobre el doloroso tránsito hacia la adultez y el hecho valerse por sí mismo en la América más profunda.

SONIA BARROSO.-

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