NEOWESTERN 3: OPEN RANGE, BROKEBACK MOUNTAIN Y RIVER QUEEN

 

Open Range (Kevin Costner, 2003)

Tras conocer las mieles del éxito y el dolor del fracaso dentro del género con Bailando con lobos y El mensajero del futuro, respectivamente. Kevin Costner volvía a sentarse en la silla del director con su tercer largometraje -y el último hasta la fecha- Open Range. Cabe destacar en primer lugar lo bien que se desenvuelve Costner dentro del género. Su dominio de la puesta en escena, la sutileza con la que deja entrever las intenciones de los personajes y el manejo del tempo narrativo están al alcance de pocos cineastas en la actualidad.

Es cierto que, comparada con su obra maestra y ópera prima -la ya citada Bailando con lobos-, Open Range podría ser considerada una obra menor, pero es que en ningún momento la película aspira a ser un filme con aquel, prefiriendo quedarse en un territorio más terrenal pero no por ello más sencillo.

Costner, quien además de dirigir protagoniza el largometraje, se rodea de un reparto de primera, donde destaca especialmente Robert Duvall, coprotagonista, con quien muestra una gran química -a la postre uno de los puntos más fuertes de la cinta-; Diego Luna, en un papel secundario al que el mejicano dota de una inocencia un tanto encantadora entre tanta rudeza; o Annette Benning, quien posee el papel menos agradecido, pero al que la actriz
sabe exprimir hasta la última gota.

Merecen mención especial dos apartados del filme como son la fotografía de J. Michael Muro -reputado operador de cámara, que debutaba en la dirección de fotografía-, y el guion de Craig Storper basado en la novela de Lauran Paine. El trabajo de Muro saca el máximo partido a los bellos paisajes de Canadá -lugar donde se rodó la película-, mientras que el libreto de Storper, sin demasiadas florituras- construye una historia pausada, donde los personajes están perfectamente dibujados, guiándonos, con un crescendo fantásticamente construido, hacia un clímax crudo, en el que cada disparo se puede sentir como real, y donde Costner vuelve a hacer gala de su talento tras las cámaras con una planificación soberbia.

Open Range es un western estrenado en el año 2003 con aroma a clásico, que perfectamente podría haber encajado en los años dorados del género, y que, de haber sido así, hoy día gozaría de gran reputación y prestigio. J.D.H.-

Brokeback mountain (Ang Lee, 2005)

En el  western tradicional los compañeros y cowboys cabalgaban juntos, aunque siempre se enamoraban de mujeres y nunca tenían relaciones entre ellos.  Llegó Ang Lee en 2005 con Brokeback Mountain a romper con los estereotipos. Ennis de Mar y Jack Twist, dos cuidadores de ovejas en las montañas de Montana, intimaban de tal modo que acababan no solo teniendo sexo, sino enamorándose. Aún así, queriendo esconder sus sentimientos de cara la galería y durante muchos años, ambos se casarán y formarán familias con hijos. Todo ello sin poder olvidar aquel tórrido verano en Montana y manteniendo encuentros furtivos a lo largo del tiempo. Heath Ledger, como Ennis de Mar es el vaquero rudo y silente, de pocas palabras, mientras que Jake Gyllenhaal es Jack Twist, más bravucón y extrovertido. Nunca una escena sensorial y olfativa, que tiene como objeto cuello de una camisa del ser amado, nos revolvió las entrañas, nos hizo un nudo en la garganta o nos humedeció los ojos, en definitiva, ¡cuántas emociones en una sola escena!

Más adherida al melodrama que propiamente al western, aunque por localizaciones sean las propias del oeste americano, la película de Ang Lee venía de derribar muros y a contarnos que los vaqueros no tienen porqué ser heterosexuales o normativos. La historia de amor entre Ennis y Jack es transgresora, pone al espectador frente a una love story de aquellas que son más grandes que la vida. Es como si le enfrentara a su propio espejo, los miedos, el deseo, el enamoramiento, el desamor, las huellas del tiempo las hemos vivido todos, en mayor o menor medida, como aquí hacen Ennis y Jack. Ambos tendrán que admitir lo que sienten el uno por el otro y cómo encaran  su relación a espaldas de una sociedad norteamericana puritana y tradicional. Por ello, se ven obligados a llevar una doble vida que no es la que desearían y a casarse con chicas y tener descendencia. Aunque vemos que en los patrones sexuales que tienen con ellas se manifiestan algunos tics de la relación entre ellos.

¿Qué es lo más llamativo de Brokeback Mountain? No solo una historia de amor entre dos hombres en un entorno eminentemente masculino, patriarcal y heterosexual, sino en los detalles de una relación a escondidas a través de distintas décadas, un amor de aquellos que nunca muere y que es más grande que la propia vida, ya que incluso puede trascender a la muerte. Heath Ledger y Jake Gyllenhaal hicieron creíbles y de carne y hueso las inseguridades, los temores, el deseo y la fogosidad de estos dos cowboys que se encontraron una vez en plena faena cuidando ovejas, estrecharon lazos, intimaron y sus vidas nunca volvieron a ser las mismas. Uno de los melodramas más conmovedores de principios de los 2000, relatado con gran sensibilidad, y ninguna sensiblería, ya que hay escenas de verdadera dureza, frente a otras que desarman incluso al más rudo y reticente de los espectadores. Una auténtica joya que requiere de más de un visionado para ser apreciada y comprendida en su totalidad, perdiéndose y dejándose llevar en detalles y matices absolutamente inolvidables. S.B.-

 

River Queen (Vincent Ward, 2005)

Vincent Ward es un personaje de lo más peculiar. Suyo es el mérito de haber escrito uno de los borradores más locos del universo Alien, uno en el que se daban cita monjes espaciales, planetas de madera y xenomorfos más cercanos a
cenobitas. Es un creador que suele incorporar elementos de culturas autóctonas en extinción a unas historias de éxodo personal, de descubrimiento en la que el legado familiar juega un papel destacado.

River Queen podría haber resultado en una vuelta clásica a aquellas epopeyas de aventuras que tan buen recibimiento tuvieron durante la década de los 90. Nos encontramos ante un relato en el que una madre irlandesa lucha por reunirse con su hijo mestizo raptado por los aborígenes en el fragor de las Guerras Maoríes a mediados del siglo XIX.

Los mastodónticos segundos de gran cine, bien sustentados en unas imágenes espectaculares de naturaleza salvaje y dos secuencias bélicas inspiradas no terminan de despegar en una película que, en sus momentos más atractivos, recuerda a experiencias cinematográficas más estimulantes como Bailando con lobos o El último mohicano.

Provee una mirada amarga y lírica sobre las costumbres de un pueblo diezmado en la lucha por mantener intacta su identidad, pero, a pasar de contar con una gran intérprete como Samantha Morton en el reparto, el motor de la historia naufraga al perder el foco principal para desarrollar un insípido melodrama con un aburrido triángulo amoroso a mitad de película. Además, la innecesaria voz  en off no ayuda a dejar que las imágenes respiren.

Personajes secundarios aparecen y desaparecen, haciéndole a uno cuestionar ciertas elecciones de reparto como un desaprovechado Kiefer Sutherland. Su impacto es mínimo en beneficio de unas imágenes sensoriales que resaltan la
importancia onírica del agua. Evoca por momentos una olvidada sensación de maravilla.

No faltarán, por supuesto, todos los mecanismos habidos y por haber usados en este tipo de historias de resistencias numantinas, traiciones entre parientes, mestizaje forzoso y británicos diabólicos. Se suceden momentos muy sórdidos que entrelazan sexo y muerte de una forma realmente repulsiva que sacan momentáneamente de ciertos oasis místicos a lo largo del metraje. Hay saturación colorística en la fotografía que permite la creación de una atmósfera irreal, casi de cine fantástico que, por desgracia, no salva de la falta de rumbo a una experiencia rica en sensaciones, pero pobre en perdurabilidad. A.C.-

JOSU DEL HIERRO, SONIA BARROSO Y ALEJANDRO COSO.-

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