SUPERACIÓN MADE IN JOLIE

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Año 1936. El joven atleta olímpico Louis Zamperini se alistó en el Ejército de Estados Unidos, donde se convirtió en piloto de guerra. Durante la contienda, el deportista italiano sufrió un accidente en el Pacífico y se vio obligado a sobrevivir en una balsa, sin agua ni comida, durante 47 días, hasta que los japoneses le detuvieron y le convirtieron en prisionero de guerra y objeto de torturas salvajes.

Así pues, un argumento de superación carne de feel-good-movie hollywoodense con el que la actriz Angelina Jolie quería dar un golpe en la mesa artístico acompañado por lo mejor de la industria: El director de fotografía Roger Deakins, el compositor Alexander Desplat y un guión donde figuran los hermanos Coen junto algunas jóvenes promesas británicas como Jack O’Connell, Garrett Hedlund y Domhnall Gleeson.

Lo tenía todo de cara y durante gran parte del film, he de reconocer que me enganchó ese tour de force pero, una segunda hora interminable, en la que el film creo que entra en un bucle de nulidad dramática y maniqueísmo atroz, hace naufragar el conjunto. Algo que empieza con guión excesivamente inocuo, cuyo rastro de los hermanos creadores de Fargo brilla por su ausencia, una falta de garra en la la parte actoral (al antagonista japonés le falta “carisma” de villano) y que acaba en un exceso de metraje, la convierten en una cinta dirigida de forma tan academicista como impersonal. 

Y eso que el film empieza con una exhibición de Deakins en los cielos, que nos hace soñar con un film bélico de la vieja guardia al estilo Howard Hughes para, después de un par de flashbacks bien insertados, empezar con la travesía del personaje al estilo La Vida de Pi, de Ang Leee, aunque con camaradas de viaje más humanos que el Sr Parker. Este segmento es justamente el más completo del film, consiguiendo un dinamismo y una configuración (básica, sí, pero efectiva) de los personajes.

Además, la cinta contiene gran imágenes para el recuerdo con una paleta de colores limpios y luminosos, que esperemos que al fin le den la estatuilla al director de fotografía de Skyfall. Y si encima, dichas imágenes están ilustradas por la música de Desplat es todo un festín sensorial…

Pero luego, pienso que el film pierde el norte al llegar a tierra. Angelina Jolie decide contener la historia quizá para intentar huir de los clichés. Una decisión fútil, ya que acaba cayendo irremediable en cada uno de ellos con una morosidad y un estancamiento ya mencionado que no llegan a ningún lado. Todo parece una larga transición hacia el final, un capítulo de relleno que convierte en artificial todo el “sufrimiento” visto en la pantalla.

Una lástima, ya que las peripecias del atleta italiano bien da pie a una gran  película de superación en tiempos de chaparrón. Sin embargo, creo que Invencible dista mucho de ser esa cinta pero vosotros veréis si hay que darle la oportunidad al  “bigger tan life” de estas Navidades. Aunque lo que aquí importa es que el propio Zamperini, con su ejemplo real, ya nos ha dado una lección a todos. Y seguirla, películas aparte, es lo más importante…

JOAN BOTER ARJONA.-

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