SITGES 2018: SUSPIRANDO POR SUSPIRIA

Este mediodía ha arrancado la 51a edición de festival de Sitges con Suspiria. Una versión radicalmente libre tomando como punto de partida la película original de Dario Argento de 1977. Luca Guadagnino se atreve a aprovechar muchas de las ideas contenidas en el material de partida original para desarrollar su propio discurso.

Un discurso de 2 horas y media, a diferencia de los 90 minutos del film cumbre del giallo, que tiene muchos elementos políticos, así como, naturalmente, de género de terror y horror. Entre aquelarres de brujas, danzas que basculan entre el sacrificio de lo hermoso del baile y el terror de lo macabro y de lo sobrenatural anda esta propuesta no apta quizás para los admiradores más puristas de la obra original. La estética de Guadagnino vuelve a ser un punto fuerte en esta obra, tras su aclamada Call me by your name,
Con dos de sus actrices fetiche cara a cara, una imponente Dakota Johnson (quién jamás había estado tan poderosa) y Tilda Swinton (tan misteriosa y ambigua como nos tiene acostumbrados) el film se eleva con nuevas e interesantes lecturas sobre la dialéctica maestra-discípula y el deseo casi animal que se manifiesta en la relación entre ambas. El Berlín de posguerra, las heridas de la guerra y el sentimiento de culpa de toda una nación entran en conflicto con lo más íntimo y personal y soterrado que esconde la academia de danza para señoritas. Violencia pasada y presente se funden y se hermanan. Una película tan hipnótica como fascinante, que gustará a aquellos espíritus más libres con ganas, no de encontrarse con un remake, sino con un diálogo entre ambas obras. Desde mi punto de vista, Guadagnino se ha acercado a la obra de Argento con respeto y con necesidad de plantear una película que pueda establecer un vínculo con la original, sin necesidad de crear una mera copia certificada.
SONIA BARROSO.-

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