SILENCIOS Y BALAS

(No Ratings Yet)
Loading...

Los Hermanos Coen ganaron el Oscar con una cinta que supuso cierta ruptura en su cine (más viniendo de una dupla comercial cada una más fallida que la anterior. Cine negro muy físico, increíblemente austero y donde la trascendencia y el silencio eran protagonistas junto a un villano memorable encarnado por Javier Bardem. Sí, estamos hablando de No es País para viejos, cuya persecución de gato y ratón tiene mucho que ver con la del vagabundo Dwight, sobretodo en el enfoque que Jeremy Saulnier (quien dirige y escribe) le ha dado a este Blue Ruin. 

Ganadora del Premio Fipresci en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes en 2013, la cinta dosifica e indaga lo justo en el leitmotiv del personaje protagonista. Un individuo marcado por un hecho traumático, que vive sólo para la venganza, y cuyo momento acaba de llegar.

Cocida a fuego lento, el film se deja llevar por la contundencia de la imagen de este thriller low cost, que clava varias imágenes en la retina por su dureza y por la convicción con la que construye una película bastante sólida, pero cuyo minimalismo, a veces, le agua un tanto la fiesta a su director debutante.

El ritmo no siempre funciona (no aburre, pero si a veces tiene caídas) y su austeridad parece querer insuflar el film de una importancia tonal que quizá debería esquivar. No importa. Aquí está el final griego donde toda la carne se pone en el asador, salpicando a los espectadores. Y es que Blue Ruin no solamente es una muestra de un talento incipiente, sino sobre todo de la capacidad autocrítica del cine USA. También es un signo palpable de cómo las voces de las nuevas generaciones de directores parecen tener pocos tapujos a la hora de mostrar su forma de ver las cosas. O dicho de otra manera: Vistas del mismo modo en que captamos la realidad, sin pátinas cinéfilas de lenguaje impostado de por medio.

JOAN BOTER ARJONA.-

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *