SIEMPRE JULIANNE

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Una de las enfermedades crónicas más injustas que existen es el Alzheimer. Perder los recuerdos es la muerte de nuestra esencia en vida no sólo para quien la padece (que al final ni se percata de ello), sino sobre todo para su entorno. Es por eso que antes de enfrascarme en el análisis del film debo hacer una advertencia a los espectadores: Si tienen alguien cercano con este síndrome, no es aconsejable que vean esta película. Dicho este aviso para navegantes, vayamos a analizar la cinta de los realizadores Wash Westmoreland y Richard Glatzer o, mejor dicho, la cinta de Julianne Moore. Porque ELLA es el 90% de la adaptación del best-seller de la escritora Lisa Genova del mismo nombre.

La actriz hace una actuación increíble, de aquellas que hacen que los adjetivos que loan su trabajo siempre se queden cortos. No es la primera vez que Julianne Moore se descompone de este modo en la pantalla (véase unos de sus primeros film, ese Poison de Todd Haynes con un planteamiento similar a éste), pero aquí su experiencia dramática, elevan aún más el catálogo continuo de matices adecuados para cada momento.

Porque, si bien la actriz está bien rodeada de actores como Kristen Stewart, Kate Bosworth y sobre todo, de su marido en la ficción, encarnado por un gran Alec Baldwin, la totalidad del film está concebido para ser un vehículo de lucimiento y, como no podía ser de otra manera, la cinta funciona debido a la calidad interpretativa que manifiesta la intérprete en cada plano. Ya sea en los momentos más sutiles a los más estridentes, con un verismo tan atroz, fuera de cualquier sobreactuación y una naturalidad descorazonadora Alice se va a evaporando como un terrón de azúcar en una taza de café y nosotros asistimos, desolados, a este vía crucis.

La cinta es sencillamente eso y como el guión es, en el fondo, un tanto monocromático, la película se centra en la visión de su protagonista. Así pues empezamos frecuentando nuestra mirada al mundo de Alice con largas tomas en primer plano del personaje principal (toda la secuencia de la primera visita del doctor solo vemos su cara). Poco a poco vamos viendo más escenas donde la cámara se abre más y vemos su núcleo familiar (la comida navideña). Y al final, en los últimos compases, nos encontraremos momentos como los de una ausente Alice de espalda y casi fuera de plano;  y situada en posición de escorzo, una reunión desenfocada de su familia; acerca del futuro.

Una evolución narrativa coherente que, no obstante, en algunas ocasiones, cae demasiado en algunos recursos efectistas como una banda sonora de obviedad, a veces excesiva, o el uso en demasía de los videos domésticos y fotos familiares para articular de forma formal, los recuerdos que se van.

No obstante, dichos recursos no acaban deteriorando el tono del film. Un tono más suave y contenido de lo que cabía esperar pero con una naturalidad tan pasmosa que golpea el alma con guante de seda. Así pues y aunque no es sólo gracias a Moore que el film consigue ser algo más que un melodrama de sobremesa, también es cierto que su ausencia de discurso e incluso su óptica “pulcra”, la acercan más de lo que quisiera de dicha fórmula. Lo que si de bien seguro establecerá un quórum es que la estatuilla dorada a la actriz de Maps to the Stars no puede demorarse más tiempo; porque con Siempre Alice, Julianne Moore ha escrito con letras doradas una página relevante en la historia de la interpretación cinematográfica reciente.

JOAN BOTER ARJONA.-

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