ROBERT GUÉDIGUIAN: «GLORIA ES BENDICIÓN PARA LUCHAR POR EL PRESENTE»

Robert Gúediguian es un hombre de otra época. Su apariencia tan seria como serena, su traje, su pañuelo en la solapa y su gesto tranquilo le confieren un aspecto muy distinto al que sugiere en sus películas. Con los años ha obtenido un estatus en el cine francés de autor, desde la vertiente más social y reivindicativa, convirtiéndose en el retratista de una Marsella que conocemos como la palma de nuestra mano, aunque nunca hayamos estado en aquella ciudad del sur de Francia, una ciudad dónde convive la clase trabajadora con las oleadas de turismo -cruceros incluídos-. La Filmoteca de Catalunya ya parece su segunda residencia, pues aquí presenta todas sus películas, distribuidas por Golem. Pudimos mantener una charla con el cineasta marsellés durante la cuál nos habló de la evolución de su cine político hacia el más social, sus reivindicaciones actuales, las diferencias generacionales, etc.

La película empieza con un nacimiento, con la esperanza de una nueva vida para desesperanzarse más tarde y terminar más positivamente. ¿Es así cómo concibió Gloria Mundi?

Desde luego, el nacimiento de un nuevo ser como fuente de alegría y esperanza, un nuevo bebé en el mundo. Y el egoísmo de sus padres. La madre fue un bebé como Gloria y tuvo que renunciar a su padre, que estuvo en la cárcel. Ahora será el abuelo el que muchos años más tarde tendrá que hacer un sacrificio familiar para que la historia no se repita. Además Gloria es una bendición, es la esperanza por la que hemos de vivir una vida plena y feliz en este mundo, porque la vida nunca dura para siempre y hay que aprovecharla al máximo.

Usted ha pasado de un cine político a un cine más desencantado con el mundo que le rodea.

A mí el único cine que me interesa es el cine político, como una manera de entender las cosas. El desencanto viene a raíz de la generación de los hijos que sólo miran por ellos mismos y por su propio beneficio, mientras que es la generación de los padres la que se sacrifica, haciendo de abuelos, con una consciencia mucho más responsable y una preocupación que no se refleja en los hijos que buscan el dinero y los placeres más inmediatos.

Usted retrata una Marsella más llena de contrastes que nunca entre la clase trabajadora y el boom turístico que experimenta la ciudad.

Es que en Marsella conviven varias realidades. Las de las familias de clase obrera que luchan por salir adelante, llevar una vida digna y poder llegar a final de mes, con la Marsella más «de postal». También con la Marsella de los negocios que florecen, de los hombres que se hacen a sí mismos, que abren tiendas, que son ambiciosos. Aunque esa ambición también es peligrosa. El discurso entre vencedores y vencidos está más presente que nunca y se refleja en la historia personal de cada uno de los miembros de la familia de Gloria.

Así pues, el cine de Guédiguian ha evolucionado cómo sus personajes que ya no viven tan anclados a aquello de que todo tiempo pasado fue mejor, no se regodean en la nostalgia, sino que viven aferrados al presente, al aquí y al ahora.

SONIA BARROSO.-

 

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