REY ARTURO: MODERNIZANDO CAMELOT

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Hay directores que se amoldan a un género y hay directores que rompen géneros. Este es el caso de Guy Ritchie. Tanto se trate de contar historias contemporáneas como de sumergirse en la historia, el cine de Ritchie hace saltar los convencionalismos. Esto polariza ¡y de qué manera! al público. Sus recreaciones históricas, como el caso de este Rey Arturo, son solo la excusa para que el bueno de Guy lleve a cabo su desembarco habitual de grandilocuencia, excesos y desenfreno. Lo hizo en Sherlock Homes y lo ha vuelto ha hacer en Rey Arturo: La leyenda del Excálibur.

En este caso, Arturo es presentado como un vacilón, un tío listo que lleva desde crío buscándose la vida, en el sentido literal de la palabra, en la marginalidad del Londres medieval. Cuando alcanza la edad adulta, el destino le señala como el merecedor de la Corona de Camelot y él, accede a ella. El nudo de la historia es un compendio de peleas “barriobajeras”, enfrentamientos épicos, momentos de reflexión y duda, halos de magia y mucho, mucho egocentrismo entre quien opta a la Corona y quien quiere retenerla.

En el periplo de Arturo, le acompañan unos personajes que parecen más salidos de anteriores trabajos del director, como Lock and Stock, Snatch: Cerdos y Diamantes o RocknRolla, que de la épica medieval británica y el malo….es malísimo.

Hablando de los personajes nos encontramos con un Charlie Hunnam que parece ser la über-versión He-Man , del Brad Pitt de la época de Thelma y Louise. Su principal apoyo es la bellísma Astrid Bergès-Frisbey quien impregna de misticismo cada una de sus frases. En cuanto al resto de la troupe, me costó reconocer a Eric Bana y Djimon Hounsou, quien se encuentra totalmente superado en un papel que le va demasiado grande.

En el otro lado, se halla un rejuvenecido Jude Law, que exuda ambición y maldad. Se nota que el bueno de Jude ha visto, leído e interpretado mucho Shakespeare y quiere mutar en uno de los monarcas del coetáneo de Miguel de Cervantes. Sobreactúa, pero no tanto como Charlie Hunnam. Y ¡ojo no perderse al simpático cameo de David Beckham!.

La banda sonora de Daniel Pemberton va desde percusión, tipo “martillo neumático”, a dulces flautines y marida perfectamente con lo que se ve por pantalla. La estética es oscura y la ambientación, la encuentro bastante resultona.

Resumiendo: La nueva película de Guy Ritchie parece ser un compendio de Juego de Tronos, El Señor de los Anillos y anteriores cintas con protagonistas del lumpen del director. A pesar de ello, si os gusta el estilo del director inglés, no os la perdáis por nada del mundo, pues tras haberla visto, acabaréis gratamente satisfechos. Por otra parte, si sentís devoción por Excalibur ,de John Boorman, alejáos.

DAVID PALOMAR.-

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