REHENES: MALDITA JUVENTUD GEORGIANA…

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“Hay jóvenes que usan toda su energía y talento para buenos fines, mientras que otros usan esas energías y talentos propios de la juventud para asesinar a personas inocentes” Así comienza Rehenes, una pequeña película georgiana basada en hechos reales, que se puedo ver en la Berlinale y en el festival ruso de Sochi donde ganó dos galardones, a mejor director y mejor fotografía. La trama es la siguiente, Ana (Tina Dalakishvili) y Nika (Irakli Kvirikadze) están a punto de casarse y, junto a sus inconformistas amigos, sueñan con una vida libre fuera de Georgia y, para ello, aprovechar un vuelo de Tiflis a Batusi para huir hasta Turquía y comenzar una nueva vida en Occidente. Pero para ello planean secuestrar el avión donde viajan, aparentemente solo los de la boda. Pero aquel día, el vuelo se convertirá en su peor pesadilla y se desatará una espiral de violencia de nefastas consecuencias…

Y lo que tendría que ser un potente drama y un electrizante thriller se ve diluido, principalmente, por algunos problemas que presenta la narración. Primero de todo, se nos presenta a los protagonistas de manera superficial, los conocemos de pasada, pero no sabemos sus verdaderas motivaciones y anhelos. Veremos que la pareja protagonista van a casarse, conocemos en qué trabajan algunos de sus amigos, pero tan son sólo 4 pinceladas. Intuimos que se está “cociendo” algo gordo, los vemos reunirse, esconder armas, practicar los tiros con las pistolas, etc. Poco más. Asistimos como espectadores a la boda y que, al día siguiente, van a tomar el avión que cambiará sus vidas. Pero la secuencia que debería ser la más impactante de la película se convierte también en la más caótica y violenta, el espectador medio se sentirá tan confundido como los pasajeros de ese avión.

Es un relato naturalista, pero nos falta emoción, empatía con los personajes para establecer esa conexión que no llega en la historia. Me cuesta meterme en la trama y, cuando lo hago, se me arroja de ella de manera abrupta. Quizás el director pretendía demostrar frialdad ante unos jóvenes rebeldes e inconformistas que toman el peor camino posible para intentar tener su libertad, escapar del país que les subyuga. Pero no nos parece que esté bien contada, nos faltan anclajes en la historia. Lo que podía haber sido un magnífico thriller violento, como lo fue en su día Un profeta, de Jacques Audiard o Romanzo Criminale, de Michele Placido, se queda en agua de borrajas. Una auténtica lástima. Tan fría como el país que retrata, una Georgia oprimida y opresiva en 1983.

SONIA BARROSO.-

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