REDEFINIENDO A BOND

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Cuando Daniel Craig substituyó a Pierce Brosnan en la saga Bond muchos (servidor incluido, ¡para qué lo vamos a negar!) puso en duda el cambio. El James Bond de Craig supuso un cambio de rumbo absoluto en la imagen del Bond cinematográfico, inspirado en Sean Connery y que, poco a poco, fue abrazando el kitsch hasta explotar en las entregas de Roger Moore. Cada una de esas películas seguía una fórmula inalterable, pero no por ello lo hacía menos disfrutable, sino todo lo contrario. Bond se adaptaba a su época, al tiempo que se convertía en la fantasía capitalista perfecta para el espectador cinéfilo que disfrutaba de su ligereza y del carrusel de estímulos que ofrecía. Tras Roger Moore, intentaron volver al Bond más oscuro del principio y más cercano al de las novelas de Ian Fleming que “inspiraron” al personaje. Pero tras dos cintas, cerraron el chiringuito hasta encontrar en la esencia de los 90 a un Bond que estaba en el cruce de camino de todos esos elementos, el citado Brosnan. Fue un Bond exitoso pero los productores de la saga tenían la espina de hacer otro Bond más oscuro: un 007 sanguinario, bruto, y atormentado que estaba inspirado en el éxito Bourne y que derivó hacia el Bond de Sam Mendes de las últimas cintas.

Y ahora, tras el paso de tiempo, puedo decirlo. Me gusta mucho este Bond. Es todo lo contrario al de Brosnan, que también me encantaba, pero sus cuatro películas me gustan mucho (Quantum of Solace incluida) y me gusta del mismo modo que me puede agradar el cine de autor y el cine palomitero. En esta ocasión, Mendes sigue mucho los pasos de Skyfall -quizá el mejor Bond de la saga Craig- para darnos su versión más adrenalítica frente a la contención de la anterior. Y lo hace de la forma más “bondiana” posible que se recuerda en tiempo.

¿Cómo? En Spectre hay dos películas que van paralelas y se retroalimentan: Una es la seria, llena de metáforas oscuras y tragedia, que gracias a la magnífica fotografía de Hoyte van Hoytema llega a calar hondo en el espectador. La otra, es el la de las réplicas ingeniosas, el Bond seductor y su interacción con sus “colegas”: Porque tras tres películas, tenemos ya a los nuevos M (Ralph Finnes), Q (Ben Wishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), quitándole oficialmente minutos a Bond, y a´sí convirtiéndose en esos secundarios impagables que toda buena saga debería tener.  Y todo eso sin olvidar que tenemos varias secuencias de acción espectacular a más no poder. La escena antes de los créditos es quizá la mejor de todas las películas de Bond y merece un capítulo aparte pero tampoco desmerecemos el resto…El tema musical bondiano a cargo de Sam Smith me parece muy monótono para los créditos pero, aunque ha habido canciones peores en la saga, no está a la altura del Skyfall, de Adèle.

Pienso que el resto mejor que lo disfrutéis vosotros mismos. Sólo diré que no me parece tan redonda como Skyfall, aunque está a punto. En algún momento, el paso de la cinta dura a la más liviana es algo brusco y quizá alguna secuencia esté alargada o sea “gratuita”, aunque sea magnífica por otro lado como las acontecidas en Roma.  Pequeños defectos para otra obra titánica de Sam Mendes que ha encontrado el filón con el que darnos maravillas en forma de entregas de Bond. Desde el villano que encarna Christoph Waltz, hasta la sensual y magnífica interpretación de Lea Seadoux y los guiños que hay en esta cinta a la franquicia.

Un film, en el que definitivamente Bond sale del cascarón tras cuatro películas, redefiniendo su mundo para estos nuevos tiempos. Así pues, Spectre es el cénit de las películas de James Bond de Daniel Craig y para quien suscribe estas líneas, una magnífica película del agente con licencia para matar. Una con la que tengo ya ganas de repetir.

JOAN BOTER ARJONA.-

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