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Cartel Érase una vez en Hollywood
QUENTIN TARANTINO: GENIO CON VERBORREA
febrero 7, 2020 Especiales

Quentin Tarantino con el reparto de Érase una vez Hollywood

Curtido en un videoclub donde trabajaba y que, según él mismo, usaba para ver todo lo que caía en sus manos y estudiar el gusto de los clientes, Quentin Tarantino nació en Knoxville, Tennessee en 1963. Pésimo estudiante, rápidamente se interesó por el cine siendo su primera intención dedicarse a la interpretación. Sin embargo, el destino le tenía reservado otro papel y, si bien le hemos podido ver interpretando tanto en proyectos propios como ajenos, su prestigio le llegaría en las labores de director y guionista. Tras un primer, y un tanto desastroso, intento por escribir y dirigir su primer largometraje con My best friend’s birthday. El joven director unió fuerzas con el productor Lawrence Bender y el actor Harvey Keitel, quien quedó completamente enamorado del guión y se involucró como productor para sacar adelante una de las óperas primas más redondas que se han hecho, Reservoir Dogs. Un filme de poco presupuesto y escasos escenarios, donde nos relataba un robo, mientras sembraba en el espectador la semilla de lo que a la postre sería su marca y seña. Esto es: diálogos largos, enrevesados e inteligentes; mucha violencia y una puesta en escena sensacional.

Tras un exitoso paso por festivales, donde destacó especialmente su acogida en Sundance, Tarantino puso en marcha su siguiente proyecto, Pulp Fiction, una historia coral con un reparto envidiable –John Travolta, Bruce Willis, Uma Thurman, Samuel L. Jackson, y un largo etc– que elevó a su director al olimpo de los dioses cinematográficos. Rodeada de polémica –aún se recuerdan los abucheos sufridos en Cannes al ganar la Palma de Oro o la guerra entre Tarantino y su coguionista Roger Avary-, la película se convirtió en un gran éxito tanto de crítica como de público. Con el éxito de ésta llegó su primer Oscar a Mejor guión original, además de su primera nominación como director.

De repente, los cineastas de las escuelas de cine querían ser como Quentin Tarantino y su característico estilo fue numerosas veces imitado, aunque jamás igualado. Él, en cambio, quizá para alejarse de sí mismo, optó por acercarse por primera vez a un material ajeno en su siguiente filme adaptando la novela de Elmore Leonard, Rum Punch, bajo el título de Jackie Brown. En el momento de su estreno fue considerada por mucho un pequeño paso atrás en la incipiente carrera del director. Siendo, hasta día de hoy y a pesar de destellos aquí y allá, su película menos personal.

Tuvieron que pasar seis años para volver a ver un trabajo del cineasta, éste llegaría con Kill Bill, película pensada como un único largometraje pero que, debido a su extenso metraje, tuvo que ser divida en dos, dando lugar a Kill Bill vol. 1 y Kill vol. 2. La película resultó un rotundo éxito de taquilla y crítica, alejando cualquier posible duda en torno al director tras sus años sabáticos y su anterior trabajo. Tras una breve colaboración en Sin City y un doble capítulo de C.S.I., Tarantino se reunía con Robert Rodríguez -cineasta con el que ya trabajó en Abierto hasta el amanecer, donde Rodríguez se encargó de la dirección y Tarantino del guión- con la intención de homenajear la serie Z en Grindhouse, la unión de dos películas, de una hora cada una, donde Rodríguez dirigía Planet Terror y Tarantino Death Proof. Sin embargo, su fracaso en la taquilla estadounidense llevó a la distribuidora a dividir las películas y estrenarlas por separado intentando aumentar así su recaudación. El filme de Tarantino se resintió al tener que estirar su metraje en exceso con partes de relleno que ralentizan una trama pensada para ir directa al grano.

A este peculiar proyecto le siguió uno no menos especial, su acercamiento a la II Guerra Mundial en Malditos Bastardos, donde se unía por primera vez con Brad Pitt y Christoph Waltz, y volvía a estar nominado al Oscar a Mejor guion original y a Mejor director, si bien se fue de vacío. Tras Malditos Bastardos encontramos lo que para algunos supuso un punto de inflexión en su carrera. Tras el fallecimiento de Sally Menke, Tarantino debía hacer frente a su próximo proyecto sin su editora de confianza, aquella que le había acompañado desde su primera película. Para algunos esto es algo de lo que se han resentido sus posteriores trabajos, a nivel personal creo que ha salido muy airoso de algo que no era nada fácil.  Sea como fuere, el reputado director estrenaba tres años después su siguiente película Django Desencadenado, un western que transcurre en el sur de Estados Unidos, por lo que él decidió catalogarlo como southern, y que tomaba el nombre del protagonista del personaje interpretado por Franco Nero en el spagghetti western de Sergio Corbucci. Para el reparto volvía a contar con L. Jackson y Waltz e introduciendo en la ecuación a un enorme Leonardo DiCaprio. Este filme supuso para el director su segundo Oscar a Mejor guión pero, a diferencia de las otras ocasiones, era la primera vez que no compartía esta nominación con la de Mejor director.

Se ve que se quedó con ganas de experimentar con el western, por lo que su siguiente trabajo fue algo más pequeño que Django pero se movía en el mismo terreno, Los odiosos ocho. Un trabajo que no gozó del favor del público como venía haciendo desde Kill Bill vol.1, pero que es un ejercicio de dirección sobresaliente y nos devuelve al Tarantino más cercano a Reservoir Dogs. A modo de curiosidad, destacar de ella que una de sus mayores inspiraciones para este proyecto fue el director español Joaquín Romero Marchent.

Y así llegamos al estreno de Érase una vez… en Hollywood –uno de sus mejores trabajos, para el que esto escribe-, la película por la que ha recibido su cuarta nominación como guionista –y tiene muchas papeletas para que sea el tercero que se lleva a casa- y su tercera nominación como director. Las apuestas no le dan como favorito, Sam Mendes viene pisando fuerte desde que su 1917 se estrenase, sin embargo aún queda algo de esperanza para que se alce con un galardón tan merecido. Este último filme supone su reencuentro con unos soberbios Pitt y DiCaprio –uniéndolos por primera vez en pantalla-, y supone un precioso homenaje al cine.

Respecto a su futuro, como siempre sucede con alguien tan imprevisible como Quentin Tarantino, poco seguro hay. Desde campanas que suenan con una posible nueva entrega de Star Trek, pasando por el tercer volumen de Kill Bill, hasta los incesantes rumores que él mismo se encarga de alimentar sobre un retiro cercano. Desde aquí no podemos asegurar cuál será su siguiente paso, pero sí que podemos pedir una cosa… No te retires nunca, maestro.

JOSU DEL HIERRO.-

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