PIRATAS DEL CARIBE: LA VENGANZA DE SALAZAR

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Hablar de Piratas del Caribe es hablar de una de las sagas más exitosas de los últimos años. Avalada por Disney y partiendo de un atracción de Disneyland (Que más bien se basaba en una película de Frank Borzage llamada Caribe, de 1945), la saga se iniciaba en 2003 con Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra, una película que funcionó en prácticamente todos los niveles en calidad, crítica y sobre todo público. La fórmula era sencilla pero eficaz. Se orientaba claramente a un público juvenil y en parte recuperaba el sentido de la aventura de otras grandes películas sobre piratas como Capitán Blood, El halcón del mar, etc. Además poseía algo vital y esencial: un protagonista carismático. Y ese fue un ideal Johnny Depp que interpretó al muy reconocible Jack Sparrow. Incluso Depp recibió una nominación al Oscar al Mejor Actor.

Como suele pasar actualmente con un blockbuster de éxito, hubo una secuela unos años después. Fue más bien una segunda parte cortada en dos partes, una fórmula extraña con la clara intención de recaudar más dinero. La continuación fue Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto, la cual aún mantenía parte del espíritu de la primera parte. Pero en la otra parte llamada Piratas del Caribe: En el fin del mundo se empezaron a notar grandes símbolos de debilidad y pretenciosidad en un trama que daba más vueltas y giros que su remolino final. Todo esto se remató con Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, que fue como chocar contra un arrecife y hacer aguas por todas partes. Se pensó que después de esta última parte no iba a haber más secuelas. Pero no. Y es cuando nos llega este año Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, la cual no nos hace otra cosa que confirmar el desgaste más que evidente de esta saga.

Se podría pensar que cuando una saga cinematográfica produce una quinta película es porque tienen tantas ideas y cosas que decir que no podrían encajar en una película de dos horas. O, eso es lo que te gustaría pensar. Eso no es en absoluto lo que ha sucedido con Piratas del Caribe: La venganza de Salazar o Los muertos no cuentan cuentos , el subtítulo difiere dependiendo del país que sea. La nueva entrega está dirigida por Espen Sandberg y Joachim Rønning, quienes dirigieron la estupenda Kon-Tiki y cuenta con guión de Jeff Nathanson, el cual escribió una de las secuelas más vilipendiadas de los últimos tiempos: Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Los directores pagan la novatada en su primera gran producción de efectos especiales, en la cual la trama es solo un medio para exhibir todos esos grandes efectos visuales con un absoluta carencia del sentido de la aventura.  El ritmo de la peli no decae, eso es de alabar, y es la película más corta de la saga con más de 2 horas (y esto también). Su arranque, con esa escena “robada” de Luces de la ciudad y esa persecución a lo Buster Keaton hace preveer que la película seguirá con su diversión. Pero no, se estanca en un argumento lleno de elementos sobrenaturales que no tienen un mínimo de magia y enseguida percibes que va a ser de nuevo otra peli más de piratas malditos que persiguen a Sparrow por alguna razón. Es como hacer un refrito de anteriormente visto en la saga pero siendo más apabullante en lo visual. Se torna en una odisea incomprensible para encontrar el tridente mítico de Poseidón y romper “todas las maldiciones del mar”  siendo una remezcla de subtramas, piratas, descendientes, etc. queriendo cerrar agujeros abiertos a lo largo de la saga.

No ayuda tampoco que los personajes estén en los mismos estereotipos que funcionaron muy bien en la primera película pero que en esta no son ni de lejos igual de efectivos. El primero Johnny Depp. Su Sparrow realiza cincuenta gracias en toda la película. Solo te puedes reir un poco con una y enseguida la olvidas. Es ridícula la secuencia de la guillotina, la boda (“Me meo en la cama”), etc y todos los chascarrillos que suelta. Es como si fuera un cómico gracioso y fracasado que se cree que sus chistes siguen teniendo gracia. Resulta estúpido en vez de astuto y carece de todo encanto. Su actuación se ha ido diluyendo y miedo da que visto el CGI hagan una futura ‘Las aventuras del joven Jack Sparrow’.  Solo destaca en sus buenos momentos ‘slapstick’ en el persecución inicial. Pero peor aún resulta aceptar a Salazar como un villano, ya que se le presenta como un honorable capitán español cuya misión era despejar los mares del azote de los piratas. En cambio estos están representandos de manera romántica y heroica y nos hace olvidar que fueron criminales brutales y cobardes. Eso si, Bardem cumple y tienen el talante necesario. Aunque tampoco se llega a entender como fueron él y su tripulación ‘maldecidos’. Y un veterano en la saga como Geoffrey Rush es quien sale mejor parado en un personaje que pese a todo borda.

En cuanto a las nuevas incorporaciones, Brenton Thwaites y Kaya Scodelario, tienen menos química que el agua y el aceite. No se siente nada entre ellos, ni una mirada, un guiño. Es un romance que solo pasa porque lo pone en el guión y se quería hacer algo similar a lo de Elizabeth y Will en las primeras partes de la saga. Incluso Orlando Bloom en los pocos minutos que sale tiene más carisma que su hijo en pantalla, que ya es decir. Kaya lo intenta y su personaje tiene aspectos interesantes pero poco más.

En definitiva, esa sensación de hundimiento  ha ido creciendo con cada viaje en forma de distracción de trucos visuales, sonido estruendoso, secuencias de acción frenética y espectáculo CGI (Tiburones fantasma dignos de Sharknado y una apertura de aguas que hasta Moisés lloraría al verla) y la degradación de  talentos como Bill Nighy , Penélope Cruz , Ian McShane y, ahora, Javier Bardem. Disney necesita echar el ancla.

JAVIER LEIVA.-

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