PETER RABBIT: EL HUERTO DE LA DISCORDIA

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Peter Rabbit de Will Gluck, director y productor responsable, entre otras, de Annie, Amigos con derecho a roce y Rumores y mentiras, es un film de aventuras animadas para todos los públicos. El huerto de la granja McGregor siempre ha estado habitado por los conejos -Peter junto a sus hermanos y hermanas- y otros animales de campo, aún con problemas de convivencia entre el viejo y los animalitos. Cuando fallece el granjero toma posesión de las propiedades, Thomas (Domhnall Gleeson), quien tendrá que aprender (o no) a convivir con los conejos y demás habitantes del huerto, liderados por Peter Rabbit, un avispado conejo ataviado con una camisa azul. La presencia de Bea (Rose Byrne), una vecina pintora amante de los animales y firme defensora sus derechos, podría intentar mediar entre humanos y animales.

Así pues, se trata de una aventura que mezcla la animación con los personajes reales y que nos hace reflexionar sobre temas como la ecología y la convivencia entre diferentes especies, con un tono de comedia desenfadada. Hay gags más o menos ácidos e irreverentes, y otros un poco más de vergüenza ajena -ya que se ríen de la muerte de uno de los personajes y de algunos problemas alimenticios, lo que está fuera de lugar-.

Desconocemos cómo será la novela de Beatrix Potter en la que se basa la película, pero aquí no hay demasiado lugar para el buen entendimiento y la ternura -sólo contemplada en una love story un poco cursi, todo hay qué decirlo- y sí para las disputas entre especies, a través del enfrentamiento a base de golpes, caídas, explosiones y persecuciones entre Thomas y Peter, principalmente. Y, aunque sea un entretenimiento para toda la familia, a nosotros nos parece que se lo van a pasar mejor los más pequeños que los mayores. Lo mejor, sin duda, sus 90 minutos de duración y el “desmadre animal” en la granja antes de la llegada de Thomas. Y lo peor: Algunas situaciones y clichés que resultan un poco repetitivos o, directamente, desafortunados.

SONIA BARROSO.-

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