PASOLINI PARA FANS

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Uno de los subgéneros de fama más inmovilista es el biopic. Ya sea la vida de un músico, un político o un actor todos parecen contar un patrón muy parecido como si todas las estrellas sean iguales, algo falaz porque no sólo ante todo son personas y cada una es diferente, sino porque cada figura representada debe tener una singularidad que la hace destacar del resto (sea bien o para mal).

Recientemente, Boyhood ha roto el axioma retratando una vida anónima pero no es la única rotura de los biopics. Algunos se vertebran con audacia en el drama romántico como La Teoría del Todo, algunas se configuran casi como un thriller, como en la también reciente cinta de Foxcatcher; y otras, captan la esencia del artista, ejerciendo de poliédrico y fascinante interrogante como I´m not there sobre Bob Dylan, uno de los bopics más experimentales y más lúcidos que recuerda este cronista.

Sin embargo, cerca de ninguno de estos antecedentes se acerca a Passolini, el film acerca del escritor, poeta y director de cine italiano, en una época donde Italia era referente artístico para el mundo. Un biopic que escapa al esquema hagiográfico de turno con buenas ideas, pero que bajo mi prisma acaba resultando insuficiente, a menos que conozcas al realizador italiano de antemano con profundidad. Pasolini es un film para los fans del director de Sodoma y los que vivieron en su época que no ha venido a hacer nuevos amigos. Entre sus bazas, un Willem Dafoe convertido literalmente en el personaje como mandan los cánones, ritmo cinematográfico y factura neorrealista en un metraje breve.

Entre sus defectos está el hecho de que, aunque la cinta no aburre cuenta muy poco del personaje. Existen algunas ideas sobre la vigencia del mensaje de Pasolini aplicados al presente, no tan “diferente” al convulso momento en que transcurre la cinta, amén de un intento por conjugar en un mismo punto los puntos en común entre Ferrara y Pasolini. Pero lo encuentro esbozado porque Passolini es un film de target demasiado limitado. No es que Ferrara no tengas respuestas (que no tiene que darlas) es que ni siquiera conjuga las preguntas. Y es una lástima porque tenía elementos para hacerlo y podría haber dado a conocer la obra de un vanguardista del neorrealismo a las nuevas generaciones. Así pues, si se es un fan del director de Accatone, se está de suerte. Si no lo es, creo que no tanto, aunque al menos queda para el recuerdo otro trabajo estupendo de un contenido y mimético Willem Dafoe.

JOAN BOTER ARJONA.-

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