NIÑA DE FUEGO

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Érase un hombre llamado Carlos Vermut quien, después de su paso en el noveno arte y de hacer varios cortos, decidió juntarlos en un largo y darle una unidad dramática en Diamond Flash. El resultado, para este cronista, fue un proyecto fascinante lleno de influencias dispares como David Lynch o el manga llena de grandes aciertos aunque también con algunos errores que convertían el conjunto en irregular. Consciente de eso, el realizador madrileño pensó en un guión mas sencillo en el que poder solucionar lo que creía que no funcionaba en su ópera prima sin dejar de ser él mismo. ¿Qué fue de ese proyecto? Se convirtió en Magical Girl, la obra maestra con la que ganó en San Sebastián mejor película y mejor director.
 
Si, así de rotundo soy. Magical Girl es una cinta tóxica y oscura, como lo fue Enemy, de Denis Villeneuve, el año pasado en Donostia. Cintas oníricas que no van a gustar a todos (habrá quien no entrará nada en la propuesta). Pero nadie negará que la de Vermut es una voz singular, de las que alimenta el debate fílmico. Con mas preguntas que respuestas. Con un ritmo lento pero necesario para el tipo de historia que nos quieren contar: Una mujer con problemas mentales. Un padre viudo con una hija que se muere de cáncer. Y un anciano profesor de pasado turbio.
 
El resto, se van a encontrar con unas historias cruzadas ( y crudas, más por lo que no se ve que por lo que se ve, eso sí) donde cada pieza está en su sitio, un elenco espectacular (Bárbara Lennie está de Goya y Sacristán está fantástico, como siempre) sin olvidar a Luis Bermejo, el entrañable personaje que desencadenará la trama. El resto, descubridlo vosotros mismos. La amaréis o quizá todo lo contrario. Pero la recordaréis. Veremos que nos preparará Vermut en su tercera cinta. Sea lo que sea, nada quitará que Magical Girl ha venido para quedarse.
 
JOAN BOTER ARJONA.-

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