NI SONRISAS NI LÁGRIMAS

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Julio Medem regresa con Ma ma de la mano de Penélope Cruz. La actriz española y Álvaro Longoria, fundador de Morena films y director de cintas como Hijos de las nubes, la última colonia (2012) apostaron firmemente por el nuevo proyecto del cineasta vasco y, gracias a su apoyo, Medem ha podido plasmar en la pantalla grande esta historia que trata sobre una mujer que debe enfrentarse al cáncer de mama. Medem había querido trabajar con Penélope Cruz hacía ya mucho tiempo, pero las circunstancias no se lo permitieron en el pasado, ahora en esta ocasión, por fin, ha podido contar con su colaboración. Y está muy agradecido por ello, puesto que, el autor ha confesado ante la prensa que la decisión que tomó la actriz de trabajar en su octavo largometraje le salvó de alguna manera. Llevaba tres años y medio en Los Ángeles con varios guiones dando vueltas y la determinación que mostró ella hizo que pudiera llevar a cabo Ma ma. 

Después de haber dirigido su anterior largometraje Habitación en Roma hace ya 5 años el cineasta no pudo realizar la adaptación cinematográfica de la historia de Aspasia una inteligente y bella mujer de la Antigua Grecia, que había sido olvidada entre los márgenes de la historia por falta de financiación y, por tanto, decidió publicarla como novela con el título de Aspasia, amante de Atenas (2012). Él mismo reconoció ante los medios que siempre había querido escribir, pero que la vida le había llevado por otros caminos y que no descartaba escribir otra novela en el futuro.

Esta vez sí ha podido realizar su proyecto cinematográfico sobre una mujer llena de vida que debe hacer frente al cáncer de mama, sin embargo, el resultado deja mucho que desear. La película no logra conmover ni emocionar, salvo en ciertos momentos muy puntuales y, por consiguiente, es una cinta que no consigue dejar huella. Ni las sonrisas de Magda ni las canciones de Julián (Asier Etxeandia) logran salvar la historia. Además, hay que tener en cuenta que la cinta tiene vocación melodramática, pero aún así no llega a penetrar en las entrañas del espectador. Por tanto, una película dramática que no consigue llegar al corazón es una película fallida, hueca, insustancial, aunque la idea que subyazca en ella sea la más brillante de todas.

Debía ser el retrato de una mujer valiente y vitalista que no pierde la sonrisa ni en los peores momentos, no obstante, no consigue el resultado esperado, ya que no es un canto a la vida: No transmite ni la vitalidad ni el desgarro de la vida humana. El director quiere reivindicar lo bonito de la existencia, el lado bueno de las cosas, pero por desgracia, no produce ni frío ni calor.

Es el riesgo que uno asume al apostar por el cine de los grandes autores como Medem, que muchas veces nos fascinan con sus arriesgadas e únicas propuestas, pero que en otras ocasiones, nos dejan con la miel en los labios. Esta vez no ha podido ser, pero espero que la próxima obra sí sea un canto a la vida.

BEÑAT EIZAGIRRE INDO.-

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