MUJER HERMOSA Y SOFISTICADA BUSCA

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Woody Allen llega a su cita anual con sus seguidores con Blue Jasmine, que supone un paso adelante en la última etapa de su carrera. Si A Roma con amor o Vicky Cristina Barcelona no pasaron de ser estampas animadas y coloridas de las dos ciudades; Scoop no fue más que un entretenimiento y Midnight in Paris, una nostálgica confirmación de que cualquier época pasada fue mejor, en Blue Jasmine, parece refrendarse en esta última idea, aunque con un poco más de amargura. 

La Jasmine que da nombre al título es interpretada Cate Blanchett, esposa rica y caprichosa de Hal, un empresario mujeriego de dudosa reputación y negocios turbios (Alec Baldwin) que viven a lo grande en la Nueva York más lujosa. Esta mujer rota y desequilibrada, adicta al Xanax y a los Martinis, a causa de haber venido a menos en su estatus social y familiar, es encarnada con doliente y exquisita sofisticación por una Blanchett magistral, quien parece nacida para el papel, no en vano Allen afirmó que, al escribir el guión, lo hizo pensando en ella.

En su expresividad, que va de la risa, al llanto y de la histeria al enamoramiento, o del asco a la resignación, vemos a una mujer tremendamente atractiva que se ha partido en dos, a causa de una crisis personal y de valores que, por ende, es la crisis de toda la sociedad occidental actual. 

Aunque sería injusto no destacar al resto de un cast, también mu acertado, empezando por Sally Hawkins, que encarna a Ginger, su modesta hermana, quien, al igual que Jasmine, también se halla en permanente lucha por lograr la felicidad en su vida. Así como a los actores Bobby Cannavale, Andrew Dice Clay, Louis C.K o el propio Baldwin, que interpretan a los hombres que marcan, en un sentido u otro, las vidas de estas dos hermanas que son como el día y la noche.

Así pues, la película, a través de la dicotomía entre Jasmine y Ginger, crea una dialéctica enfrentada entre los ricos y los pobres, entre los ambiciosos y los trabajadores resignados. Aunque, al final se ven claras dos ideas en el horizonte: los ricos también lloran y la posesión de una suma importante de dinero conlleva una gran responsabilidad moral. Y el film, en un delicado equilibrio entre la comedia y el drama, parece dejar entrever que, en definitiva, cada cuál consigue en la vida aquello que se merece. 

SONIA BARROSO.-

 

 

 

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