MEL GIBSON: LA RESURRECCIÓN DE MEL

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En los últimos años, lo que se ha escrito sobre Mel Gibson poco ha tenido que ver con el cine. Su imagen pública ha sido dinamitada por “una serie de catastróficas desdichas” en las que el propio Gibson ha contribuido, así como la industria, dejándole a un lado y olvidándose de él. Y es que, salvo honrosas excepciones, el que fuera una estrella de los 80 y los 90 estaba casi desaparecido, intentando sacar sus últimos films adelante contra viento y marea.

Mientras tanto, íbamos viendo en cuentagotas su carrera como actor, en proyectos fuera del cine de grandes estudios pero defendidos con aplomo: Desde los honrosos films de acción, como Blood Father y Vacaciones en el Infierno, pasando por su villano en la tercera entrega de Los Mercenarios, sin olvidarnos de El castor, de Jodie Foster.

No nos vamos a meter con las circunstancias de ese lapidación. Sino más bien, de su resurrección -nunca mejor dicho, ya que hablamos del director de La pasión de Cristo -. Porque Mel Gibson nos ha sorprendido con un peliculón de tomo y lomo, Hasta el último Hombre, que ha conseguido meterse en la pugna por los Premios, a pesar de su “mala fama” y de ser un año lleno de títulos potentes, muchos de ellos ignorados por la Academia. Sus 6 nominaciones al Oscar, incluidas las de mejor película, actor para Andrew Garfield y director así lo atestiguan.

Los que leáis mi crítica de Hasta el último hombre en FacesOnTheBox sabréis porque esta película me gusta tanto. Sólo añadir que a mí, personalmente, la obra de Gibson como director, muy separada por el tiempo me parece una de las más apreciables de las últimas dos décadas. Ya me gustó mucho El hombre de sin rostro, su debut como director y ya en su segunda incursión en la dirección realizó un film épico para la posteridad, Braveheart , donde ya se ganó sus 5 estatuillas. Pero la campanada la dio años más tarde cuando dirigió dos películas de gran realismo y violencia explícita: La Pasión de Cristo y Apocalypto -sobre todo la primera-. Esos films no estuvieron entre los nominados, pero fueron la comidilla del momento. Quizá por la polémica que había tras ellos la gente acudió al cine a verlas (La pasión de Cristo fue un éxito de taquilla inesperado, a pesar de ser hablada en arameo). El dominio en la dirección de Gibson es lo que ha convertido a dichos films en unos must-see atemporales por los que no pasan los años.

En la actualidad, el actor australo-estadounidense reconvertido en director -y nacionalizado irlandés como William Wallace- parece estar perdonado por la industria. Aunque éste parece que es el año del fenómeno Lalaland y sus nominaciones puedan considerarse suficiente premio, firmaría si le dieran el Oscar como director otra vez. Porque la convicción con la que Gibson filma este film pacifista en la peor guerra posible se merece todos los elogios. Y nos caiga mejor o peor el actor de Mad Max, debido a su ideología, aquí sólo se debería juzgar el trabajo como director y consideraría bien ganado su Oscar como mejor director.

JOAN BOTER.-

EDICIÓN: SONIA BARROSO.-

Links a la crítica, perfil de Garfield y a dos dvd´s Braveheart y La pasión de Cristo

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