MAYA: FASCINACIÓN POR LA INDIA

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Maya es la nueva película de Mia Hansen-Love, cuya historia se centra, curiosamente, no en la chica a quién se refiere el título, sino en Gabriel, un reportero de guerra de 32 años quien, tras ser liberado como rehén en Siria, decide no quedarse en Francia sino emprender un viaje para reencontrarse consigo mismo y con sus raíces a la Índia, concretamente en la zona de Goa. Allí se reunirá con su padrino, que regenta un hotel que vivió tiempos mejores y con la hija de éste, una chica a punto de entrar en la universidad por la que sentirá una conexión especial. Asimismo, el reencuentro con la casa familiar y con su madre serán otros de los elementos claves de su viaje.

Lo mejor de Maya es quizás su ambientación y sus paisajes, playas, clubs nocturnos, templos y monumentos, sumergiendo al espectador en la fascinación por un país exótico y lleno de contrastes al que está llegando cada vez más el turismo y que sufre problemas de especulación inmobiliaria -según se apunta en algunos momentos-. La belleza por la Índia de postal palpita en todos y cada uno de sus fotogramas.

Personalmente, al ver el film, eché en falta un arco evolutivo de Gabriel, el personaje principal quién parece quererse redescubrir a sí mismo, pero sin renunciar a lo que es y a lo que siempre será. Su relación con Maya, al principio de amistad y que luego parece convertirse en algo más no es lo suficientemente profunda ni interesante, especialmente porqué sabemos muy poco de ella y de su historia personal. El dilema entre seguir los dictados del corazón o abrazar la vocación de cada uno es uno de los puntos claves de la trama.

Aunque, en mi opinión, la película se queda a medio camino en todos los elementos que contiene, tanto en el drama de redescubrimiento personal, como en la aventura exótica, el romance, la crítica a la especulación inmobiliaria, o incluso las consecuencias de haber sido prisionero de guerra.

Es decir que, jugando una baraja de cartas tan atractiva a priori, nos quedamos con la fría sensación de que la película podría haber sido mucho más crítica y de más emotivo calado humano. Y es una verdadera lástima que, siendo la Índia el país que es el film se quede sólo en un entretenido viaje “de postal” de un extranjero que necesita desconectar del horror de la guerra para volver a reconectar consigo mismo.

SONIA BARROSO.-

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