MANCHESTER FRENTE AL MAR: EL DOLOR Y EL DUELO

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Manchester frente al mar, de Kenneth Lonergan, ha conseguido 6 nominaciones al Oscar en categorías bastante principales, tales como mejor película, director, actor para Casey Affleck y dos actores secundarios, Lucas Hedges y Michelle Williams, aparte de mejor guión original.

La palícula, que se enmarca en el subgénero de dramas personales o familiares, tales como Jóvenes Prodigiosos, Los Descendientes, Entre Copas, La habitación, etc, cuenta la historia de los Chandler, una familia marcada por la tragedia. Cuando Lee (Casey Affeck), el hermano menor de Joe (Kyle Chandler) tiene que desplazarse desde Minnesota hasta la localidad de Manchester by the Aea para ocuparse de su sobrino Patrick (Lucas Hedges) y organizar todos los trámites para el funeral de su hermano, empiezan a removerse algunos temas de su trágico pasado, que no es capaz de olvidar y superar. Volver a encontrarse con Randi (Michelle Williams), su ex-mujer tampoco le ayuda.

Así pues, el doloroso pasado -contado a través de los recuerdos de Lee, a base de flahbacks-; las pérdidas familiares irreparables; los cargos de conciencia, la culpa y las distintas maneras de superar (o no) el duelo son algunos de los temas que aborda un film que no es ni tremendista, ni sensiblero, y que sabe trascender la pura anécdota que temáticamente podría ser “telefilmera” -como lo hacía La habitación, de Lenny Abrahamson-. La contención, la sobriedad y la aparente calma -como las escenas náuticas- hacen que el espectador lleve el dolor por dentro y sienta el sufrimiento adentro, tal y cómo lo hacen los personajes principales. Es una película que sabe tratar las relaciones familiares -qué estupenda y bien desarrollada está la relación entre sobrino y tío- con delicadeza y buen pulso narrativo y consigue que, más allá del drama, en algún momento se nos escape una sonrisa.

En definitiva, que, a pesar de sus 2 horas y cuarto de duración, gracias a su milimétrico guión, a su estética depurada -una estética que nos recuerda a algunos films de Lasse Hälstrom, como Atando Cabos- y al buen hacer de sus actores, las desventuras de la familia Chandler acaban siendo las nuestras. Y esto no sucede porque los personajes se esfuercen por caer simpáticos al espectador, o porque su relaciones sean apasionadas, sino que, por su humanidad, sus debilidades y sus aciertos o errores se nos hacen cercanos y conseguimos empatizar con sus problemas o dificultades.

SONIA BARROSO.-

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