MAL GENIO: LA PERSONALIDAD DE JEAN-LUC GODARD

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Mal Genio (Le Redoutable), de Michael Hazanavicius, director de The Artist, recoge los años en que el cineasta franco-suizo, Jean-Luc Godard estuvo casado con la actriz Anna Wiazemsky. Así pues, no se puede considerar un biopic al uso sobre la vida y obra del padre de la Nouvelle Vague, sino más bien, su trascurso vital en unos años social y políticamente convulsos, en los que vemos a un director -reconocido ya por muchos gracias a películas como Banda Aparte, Pierrot Le Fou o Alphaville– que no se conforma, sino que se quiere radicalizar, tanto a nivel político como cinematográfico.

Así pues, descubriremos a un hombre de carácter difícil, que quiere romper con la burguesía, adheriéndose activamente al Mayo Francés del 68, a la ideología maoísta -con cintas rupturistas como La Chinoise– hasta fundar el movimiento cinematográfico, de influencias anarquistas, Dziga Vertov junto a otros intelectuales.

Pero Hazanavicius, a pesar de la profundidad ideológica y de la ruptura de su protagonista con lo establecido, consigue hilvanar una película a caballo entre el drama y la comedia, bastante accesible para todos los públicos, incluso para aquellos espectadores que desconozcan la obra o la personalidad de Godard.

Gracias al buen hacer de sus dos protagonistas, que son la noche y el día: Louis Garrel es el inconformista, iconoclasta y malhumorado Godard, mientras que Stacey Martin es su mujer Anna, joven, romántica, soñadora y que consigue dar un “soplo” de aire fresco en la testaruda manera de ser y de comportarse de su marido. Así pues, conocemos a Godard no sólo por su ideología, sino por su manera de relacionarse con el mundo y muy especialmente, con su esposa.

Mal genio salpìca al espectador con anécdotas más o menos hilarantes -el contínuo “cambio de gafas” de Godard, la problemática vuelta en coche de la edición en que volvieron del festival de Cannes, etc- y de retazos de una vida ordinaria con obras y momentos extraordinarios. Una vida en constante búsqueda de la ruptura, del inconformismo y en continua contradicción, incluso consigo mismo. Una película que despertará, sin duda, la curiosidad de los más cinéfilos impulsándoles a conocer más sobre esta figura cumbre de la Nouvelle Vague Francesa, Jean-Luc Godard, pero que, al mismo tiempo, es muy disfrutable para todo tipo de espectadores.

SONIA BARROSO.-

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