LOS ÚLTIMOS JEDI: RIAN Y LA VERSIÓN DEL MITO

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La saga galáctica Star Wars quizá sea la franquicia mas importante de la historia del cine. Cuando en 1977 George Lucas bebió de múltiples influencias de la space opera de lo que ahora llamaríamos “vintage” para crear su Guerra de las Galaxias también incorporó una filosofía de vida. Esa suma fue lo que hizo que Star Wars fuera algo más que un entretenimiento para toda una generación.

40 años después estamos en la octava entrega de esta franquicia -novena película si contamos con el spin off de Rogue One-. En esta ocasión Rian Johnson, director de Brick y Looper, se encarga de la dirección y el guión en solitario, para seguir el camino presentado por J.J Abrams en la nueva saga donde nos presentaron a una serie de personajes nuevos (Rey, Finn, Poe y Kylo Ren) que empezaban a ser reemplazados por los de siempre. Esta idea sigue en The Last Jedi de forma mucho mas marcada creando directamente una confrontación entre lo “viejo” y lo “nuevo” a la vez que realiza la aproximación mas alejada y metafílmica nunca vista en este universo. Así pues, de la sensación del excelente pero refrito del anterior film de la saga, aquí el fan service y la nostalgia están mucho más diluidos, ya que aquí vemos a un autor, este caso el citado Rian Johnson, que sin renunciar al entretenimiento palomitero, busca voz propia.

El resultado es una película de acción y aventuras para toda la familia bien defendida por los actores. Difícil quedarse con uno de ellos tanto  los antiguos como los visto en el film previo, si bien la novedad mas destacada es la presencia de un nuevo personaje encarnado por la actriz vietnamita Kelly Marie Tran. Además, es muy entretenida y visualmente apabullante. Las diferentes tramas de la película -que convergen en la principal, que constituye lucha entre las tropas imperiales y rebeldes capitaneada por Poe Dameron y Leia- nos llevan a diferentes lugares de la galaxia, rodados en escenarios tan variopintos como las paleocristianas construcciones del Skellig Michel, a las calles de la ciudad croata de Dubrovnik o al Salar de Uyuni en Bolivia donde el color de Marte se funde con la extensión del desierto blanco. Así pues, el director de fotografía habitual de Rian Johnson, Steve Yedlin,vuelve a darnos un trabajo que, bajo mi punto de vista, es excelente a la vez que contribuye a crear una atmósfera asfixiante e intrigante; al servicio de un guión con inspirados momentos de humor, lleno de acción y giros que convierte la experiencia en una montaña rusa -la cual desde un punto de vista dramático creo que se alarga un pelín demasiado pero que globalmente me convence por el cómputo final-.

Ahora bien, Rian Johnson no es George Lucas y eso se nota no solo a nivel cinematográfico si a nivel más filosófico. Dicho de otro modo, el concepto de “fuerza” esta claramente desmitificado y la espiritualidad de los films previos (incluso Rogue One donde no había jedis si podríamos hallar dicho “credo”) está puesta en entredicho de forma deliberada. Está claro que los responsables de ello eran conscientes de que esto hará correr ríos de tinta tanto para los que creen que esta cinta necesitaba nuevas ideas como para los que creen que esas ideas no son válidas porque no solo se cargan la esencia de Star Wars si no la coherencia de todo su mundo.

Personalmente, he de decir que considero esta cinta como una muy buena cinta de entretenimiento, -algo alargada como he comentado-, pero que me ha convencido a nivel global. Eso sí, espero que para la siguiente sean más fieles a ese espíritu Made in Lucas, a la vez que la cinta huya y no repita las mismas fórmulas dramáticas como hace esta cinta. No me considero fan de Star Wars -aunque me gusta mucho la saga-, pero puedo comprender las reticencias y cuando veamos el cierre de esta trilogía, espero que no reduzcamos la saga a un simple pasatiempo para vender muñecos. Star Wars es más que eso. Por eso, tanto a las duras como a las maduras, la fuerza siempre nos acompaña.

JOAN BOTER.-

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