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LOS MERCENARIOS DE MARK BOAL
marzo 19, 2019 Articulos

Triple Frontera lo tenía todo para ser otro puñetazo en la mesa de Netflix. El director de A most Violent Year repite con Oscar Isaac para contar la historia de cinco veteranos profesionales de las Fuerzas Especiales que se dan cita en una zona de América del Sur para emprender una arriesgada misión en beneficio de ellos mismos, y no de su país…que sale peor de lo que esperaban. Sus consecuencias la llevan a una historia que prometía buena acción, una buena dirección y unos buenos personajes, algo habitual en el cine de J. C Chandor. Pero en esta ocasión, creo que esto último no se cumple para nada. Lamentablemente, creo que ni el mencionado Isaac ni Ben Affleck, Pedro Pascal ni Charlie Hunnam o Garrett Hedlund  pueden hacer mucho, a pesar de su arrojo para salvar sus roles. Y es que a diferencias de otros libretos con la rubrica de Mark Boal (autor de los últimos films de la aquí productora Katheryn Bigelow), la superficialidad de sus esquemas, lastra todo el conjunto.

El principal problema que le encuentro a la historia de Triple Frontera es su obviedad. Las fábulas en torno a la avaricia son casi tan antiguas como el mundo. Desde el mito de Tántalo pasando por las fábulas de Esopo hasta nuestros días el arte ha plasmado uno de los temas mas inherentes a la condición humana, normalmente con tintes moralizantes. Y si bien esos esquemas han dado grandes obras para la eternidad (en cine, me viene a la cabeza El Tesoro de Sierra Madre como el mejor ejemplo) también ha traído versiones muy maniqueas, muy manidas con guiones llenos de personajes arquetípicos que acaban representando mas ideas que personajes verosímiles.

Lamentablemente, y sin querer destripar la trama de Triple Frontera, tras una primera mitad, el film deriva hacia ese tipo de esquemas. Y es una pena porque durante esa primera parte, se nos presenta unos personajes interesantes y bien defendidos por un gran cast, buena factura rodada con una Arri Alexa 65 con un ratio 2.11 : 1 y unos magníficos planos generales en paisajes naturales que nos ambientan en el cosmos del film además de potentes escenas de acción y camarería de ecos fullerianos. Pero, llegado a un determinado punto, a pesar de que la cinta sigue siendo un film de grandes virtudes técnicas (la dirección y el montaje muy herederos del final de milenio le otorgan un brío que el guion no tiene) la cinta empieza a abrazar estos esquemas tan risibles  ya mencionados de forma peligrosa.

Y la pena es mayor si conocemos los antecedentes del film. Porque este proyecto ha tenido una travesía larga y tortuosa, que empezó justo hace diez años y que, según el propio director, ha implicado la reescritura del guion, aunque “la esencia siga siendo la misma”. Es difícil pronosticar cuál era la versión original, pero que sus puntos mas flojos como film estén en el libreto implica el complicado panorama que esta el cine mainstream para este tipo de productos y la responsabilidad de Netflix para rescatar productos malditos, a pesar de que muchas veces terminen siendo “contaminados” por ciertos intereses, lo que resulta una pena.

JOAN BOTER.-

 

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