LEAN ON PETE: SOLEDAD, AFECTO Y ARRAIGO

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Vaya por delante que Lean On Pete es de esas historias que cuándo sales del cine la llevas contigo, de las que dejan un poso en el espectador, como todo el cine de Andrew Haigh, director de Weekend y 45 días. Charley (Charlie Plummer) interpreta a un adolescente de 15 años que vive con su padre, un hombre un poco despreocupado, que va de trabajo en trabajo y de novia en novia, pero que ama a su hijo. Un día, mientras practica running carca del hipódromo de la localidad rural donde vive es interpelado por Del (Steve Buscemi), un entrenador de caballos de carreras, que le pide que trabaje para él. A raíz de este empleo conocerá a una jockey (Chlöe Sevigny) y a Lean on Pete, un caballo con algunos problemas en las patas, que le cambiará la vida tras quedarse solo en el mundo. La búsqueda de una tía en Wyoming de la que hace tiempo que perdió el contacto será la meta de un viaje tanto físico como emocional.

La película sigue el periplo de este buen chico, con ganas de ganarse la vida y de superarse a sí mismo, en un viaje “coming-of-age”, ya que pasará de la adolescencia a la adultez delante de nuestros ojos, de la manera más realista y sensible que se haya podido contar en pantalla. El espectador se siente implicado con el periplo del protagonista inevitablemente, además, está narrada con tal pulso narrativo y delicadeza expositiva que en ningún momento nos vemos manipulados emocionalmente, sino que el viaje es tan natural y tan auténtico como la vida misma.

Lo que consigue transmitir Charlie Plummer (conocido por su papel del secuestrado Paul Getty en Todo el dinero del mundo, de Ridley Scott) es inmenso, y lo logra a través de la palabra, pero especialmente a través de su mirada, sus gestos y sus silencios: Un prodigio de fortaleza y vulnerabilidad; mientras que Lean On Pete se convierte en la proyección del mismo protagonista y a través del cuál iremos descubriendo su peripecia personal actual y pasada por la América Rural, que dista mucho de ser la América del Gran Sueño Americano, sino más bien el reflejo de la América más desesperanzada y empobrecida. Estamos ante una historia sobre la soledad, el tránsito de la infancia a la madurez y la necesaria búsqueda de afecto y de arraigo familiar -para ello, es indispensable ver con quién se va encontrando en su camino y qué le aporta cada uno de los encuentros-. Haigh no pretende aleccionar a nadie con su película, sino mostrar cómo los reveses y circunstancias de la vida pueden consolidar la personalidad y el carácter de una persona con un buen fondo y gran determinación para tratar de encontrar su lugar en el mundo. Una pequeña gran película para saborear lentamente, recordando posteriormente.

SONIA BARROSO.-

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