LA TIERRA PROMETIDA: LUCHAS EN LA DINAMARCA DEL S.XVIII

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Copenhague, siglo XVIII. Ludvig Kahlen, un capitán del ejército danés vuelve al páramo en el que quiere conseguir cultivar unas tierras yermas y asentar su hogar. Aunque no cuenta con la oposición de De Schnikle, un terrateniente ansioso de dinero y placeres, que le hará la vida imposible y tiene a medio feudo aterrorizado. Mientras tanto, el protagonista contará con la inestimable complicidad de un párroco, de una de las sirvientas del noble, de la prima de De Schnikle -quién sueña con una vida mejor alejada del tirano de su primo- y de una niña gitana a quién nadie quiere.

La película está basada en la novela de Ida Jessen El Capitán y Ann Barbara, que aquí se ha traducido como La tierra prometida (Bastarden); y que supone la segunda colaboración entre el director de Un asunto real, Nikolaj Arcel, y su protagonista, Mads Mikkelsen.

Mikkelsen, quien ganó el premio al mejor actor en la pasada edición del festival de Cannes, es una de las grandes bazas del reparto al interpretar a un hombre de moral intachable, obstinado y decidido a que las tierras puedan dar cultivos y que éstas sean reconocidas como tierras del rey, quiere vivir tranquilo y asentar su hogar, lejos de la tiranía de ese mencionado y mezquino terrateniente. Las luchas entre ambos, el instinto de supervivencia y vivir y sacrificarlo todo por un sueño, que se convierte en un reto vital para el protagonista, son algunos de los temas que trata el film con suma elegancia y clasicismo.

La película, que se mueve con soltura entre la épica y la intimidad del melodrama, es sobre todo el retrato de la lucha de un hombre que desafió su destino por nacimiento por una empresa muy grande y ambiciosa. Aunque se acabara dando cuenta que de poco sirve lograrlo o no si a su lado no queda ya nadie. La parte femenina está muy bien secundada por Amanda Collin, que encarna a Ann Barbara, una de las sufridas sirvientas de De Schnikel, una mujer que sufre por amor y que luchará por su causa y es capaz, como el protagonista, de darlo todo por ésta hasta las últimas consecuencias.

Una cuidada puesta en escena, fotografía y vestuario para una producción de época hablada íntegramente en danés, que precisamente tenía que representar a Dinamarca en los Oscars -aunque no pudo entrar entre las cinco nominadas finalmente-. Es un melodrama que, aunque no descubre ni inventa nada nuevo, resulta tremendamente entretenido para el espectador. A Arcel no le tiembla el pulso a la hora de retratar los contrastes, la opulencia versus la miseria.

Aunque quizás sea lo peor de la función un villano demasiado malvado, que quiere sembrar el caos allá por dónde pasa; y que se hace un tanto reiterativo y de trazo grueso en su personalidad. Aunque esa figura resulte necesaria para que se desaten y precipiten los acontecimientos de la trama. Una trama que hará las delicias de aquellos espectadores de cine «de época», que creen en que perseguir un sueño y estar enamorado es algo más grande que la propia vida.

SONIA BARROSO.-

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