LA PIEL DE OZON

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Creo que François Ozon cada vez está más cómodo en su cine. Sus dispares ingredientes cada vez son más compactos. Es muy complicado hablar de los temas  de la forma en que el cineasta parisino lo hace. Una nueva amiga es un buen ejemplo. En ella, la muerte de una mujer desencadena una crisis de identidad de su marido que comienza una extraña relación con la mejor amiga de su mujer. Pero ya podréis imaginar que la cosa no se quedara ahí.

Para contar esta historia, en los primeros compases, Ozon nos sorprende con una introducción digna de su nombre. Como si Ozon se convirtiera en el Peter Docter de Up, nos resume en una sublime secuencia que describe la esencia de vida, concentrada en varios años de la vida de dos seres humanos. Sólo que esta vez es la historia de amistad -amén de romance platónico-lésbico- y un aparentemente  colateral vértice del triángulo ejercido por Romain Duris. A partir de aquí, una vez la introducción acaba en una resolución amarga, seguimos en los ojos de Claire, encarnada por Anaïs Demoustier hacia una vía diferente: La comedia. Este podría ser el devenir de un film que pasa de la carcajada al llanto con un talento asombroso. Y si bien a partir de ahí, Ozon no alcanza la maestría del primer acto, su gran desarrollo de personaje y su control de los instrumentos narrativos (tanto de dirección como un libreto lleno de giros que no traicionan el relato) conforma una magnífica dramedia, que bien podría ser como una versión luminosa de la oscura La piel que habito.

 Y si Ozon demuestra talento, los actores también lo hacen. Sobre todo uno en particular. Magnífica interpretación de Romain Duris en el que quizá es el papel de su carrera. El cambio de registro y su ruptura total con su imagen de galán con este personaje es digno de aplauso. Romain, junto a la química que tiene con el personaje de Anaïs, nos regalan un viaje lleno de contrastes sobre el tema favorito del cineasta: La identidad.

Así pues, Ozon y Duris son las figuras por las que sustenta este film y eso nos trae un film notable, cuya resolución quizá le falta la redondez de la magistral Joven y Bonita- para quien suscribe la mejor cinta de su director-. Pero que confirma a Ozon como uno de los directores europeos con una voz autoral más sólida y notable.

JOAN BOTER ARJONA.-

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