LA MUERTE EN VIDA

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La actriz de origen italiano Valeria Golino ha dirigido su primer largometraje que acaba de ser estrenado en nuestro país gracias a la distribuidora Good Films. Después de su paso por Cannes la película viene precedida de mucha expectación, ya que, aparte de haber sido seleccionada en la sección oficial Un certain Regard ha sido reconocida con importantes premios en certámenes internacionales como el de Estocolmo. A lo largo de los años, Golino ha obtenido cierto reconocimiento por su trayectoria como actriz, puesto que, además de haber participado en producciones americanas tan conocidas como Rain Man (Barry Levinson, 1988) o Frida (Julie Taymor, 2002), entre otras, en su día ganó el premio a la mejor actriz en Venecia por su actuación en Storia d’amore (Francesco Maselli, 1986). Después de haber escrito y dirigido su primer cortometraje hace ya 4 años se atrevió a llevar a cabo su ópera prima, y está claro que el resultado es tan bueno como sorprendente. Aunque haya trabajado en Hollywood, su estilo bebe de la tradición del cine europeo y por lo tanto, el universo estilístico de Miel puede hacernos recordar al de los cineastas como Jean-Pierre Melville o el propio Michael Haneke. 

Miel es una desconcertante cinta que no dejará indiferente a nadie, puesto que, trata sobre la eutanasia en una sociedad donde la vida humana se considera sagrada. Está filmada con una sobriedad exquisita, y la protagonista de esta bella y a la vez triste historia interpretada por la magnífica Jasmine Trinca transmite toda su melancolía sin apenas pronunciar palabra. Irene es una profesional que intenta cumplir de manera eficaz con su cometido, es decir, ayuda a morir con dignidad a todas aquellas personas que deseen acabar con su vida de una manera plácida e indolora. Está convencida de que su misión en la tierra es la de ayudar a esos pobres desgraciados que sólo desean una muerte digna. Cuando una persona, por el motivo que sea, decide que la vida ya no merece ser vivida el estado debería poner todos los medios a su alcance para que esa persona pueda despedirse de este mundo rodeado de sus seres queridos y sin tener que avergonzarse de su decisión. Por otro lado, ninguna persona debería ser condenada por querer ayudar a alguien a cumplir su última voluntad. Sin embargo, la eutanasia sigue siendo una práctica ilegal (y deleznable) en la mayoría de las sociedades occidentales, por lo tanto, Irene les da la oportunidad de que puedan descansar en paz. 

Se trata del relato de una solitaria y tímida chica que está obsesionada con su trabajo, y puede llegar a ser incluso tan metódica como el protagonista de El silencio de un hombre. Aunque pueda parecer paradójico vive para dar muerte a los más necesitados y por ello no podemos dejar de preguntarnos cómo una chica tan atractiva e inteligente como ella pudo acabar metida en este turbio negocio. Porque al igual que el asesino a sueldo que aparecía en la película de Melville, Irene cobra por cada servicio, porque de algo tiene que vivir. Pero sus más firmes convicciones se verán trastocadas sin previo aviso cuando entre en escena el extravagante personaje de Carlo Grimaldi (Carlo Cecchi), quién le enseñará a ver el mundo con otros ojos. La película nos interpela a reflexionar sobre la vida y la muerte. 

BEÑAT EIZAGIRRE INDO.-

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