LA ESTRELLA AZUL: CON LA MÚSICA A OTRA PARTE

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Zaragoza. La movida rock de los años 90. En La estrella azul conoceremos una rara avis como es Mauricio Aznar, un músico idealista y quijotesco que no sabe qué hacer con su vida. Por ello, decide abandonar España y lanzarse a un viaje de autodescubrimiento personal y musical por Latinoamérica, concretamente por la Argentina más rural, lejos de grandes urbes como Buenos Aires. Un viaje en el cuál respirará el gusto por la música folklórica, de la mano de un personaje llamado Don Carlos, quién se convertirá en su amigo y mentor musical, ya que le abrirá las puertas de su casa, una casa llena de familiares de todas las edades.

Allí en su humilde finca se contagiará por el gusto por nuevas melodías únicas y tradicionales de los lugareños, incluso se sentirá atraído por una joven hermosa e idealista como él, con la que tendrá una conexión. Después de haber vivido la autenticidad de las pequeñas grandes cosas en ese paraíso de ensueño que fue su periplo por Latinoamérica, Mauricio volverá con ganas de cambiar el mundo y su situación personal y profesional aunque, como Don Quijote comience a topar con gigantes que son, en realidad, molinos.

La película es maravillosa en su tramo del auto descubrimiento de Mauricio en Argentina, esa Argentina lejos de las grandes ciudades, en la que una velada con una guitarra que llora de fondo, mientras otro se arranca en un canto melancólico es ley de vida, una vida que merece ser escuchada, cantada, experimentada y no olvidada. Ese canto a perseguir un sueño, un ideal de vida y de carrera musical, renunciando a las mieles del éxito para seguir los dictados del corazón es la parte más revolucionaria de la historia. Una historia en que ficción y realidad se dan la mano. En esta ópera prima, de la que no merece la pena saber nada de antemano de la historia ni del músico Mauricio Aznar para dejarse llevar y sorprender por la trama, se han acercado a una manera de vivir y de sentir distinta, imbuyéndose del color local de unas gentes cálidas y acogedoras, unas gentes que viven los pequeños momentos de la vida cotidiana como si fueran únicos.

Son las escenas rodadas en España en las que se impone el drama de la cruda realidad de unos músicos insatisfechos, caídos en las garras del sexo, droga y rock & roll por culpa de tantos sueños y esperanzas truncadas. Unas realidades empañadas en la mísera realidad del funcionariado y la burocracia y en el aplastamiento de los sueños de aquellos que se atrevieron a ir más allá y no les dejaron.

La estrella azul es una rara avis que mezcla realidad y ficción, que enmudecerá al espectador y le sumergirá en la magia para luego golpearle sin miramientos. Este melodrama, ópera prima de Javier Macipe, está indicado especialmente para ser degustado por románticos e idealistas, que quisieron conquistar el mundo mientras este mismo mundo les devoraba. Una constatación de que la magia existe y los sueños, casi siempre, sueños son. Ojalá se acerquen espectadores sin miedo a sentir una nueva forma de contar las historias que debían ser relatadas.

SONIA BARROSO.-

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