KINGSMAN: EL CÍRCULO DE ORO: EL RETORNO DE HARRY

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Kingsman: El círculo de Oro es la continuación de Kingsman, una cinta de acción y espionaje con la que Matthew Vaughn, artífice de mi película favorita de mutantes, X Men Primera Generación, volvió a sorprenderme. Quizás para el que no esté familiarizado con la primera película esta secuela no tenga mucho sentido, pues uno de los puntos fuertes de la misma es volverse a reencontrar con Eggsy -Taron Egerton- esta vez como un espía mucho más maduro, sovente y seguro de sí mismo, que ha volado muy alto; e implicarse de nuevo en sus peripecias, así como en la de los Kinsgman, estos gentlemen de la Mesa Redonda, entre los cuáles está Merlín (Mark Strong) y el desaparecido Harry (Colin Firth es la sorpresa). En esta ocasión, Charlie, un ex-Kingsman que trabaja para El Círculo de Oro, una organización dedicada al narcotráfico y liderada por una poderosa mujer, Poppy (Julianne Moore) pondrán en jaque a los Kingsman, que necesitarán la ayuda de los Statesman, una organización secreta que es prima hermana de los espías británicos, pero en Estados Unidos, que tienen como “tapadera”, una destilería de Whiskey -en lugar de una sastrería como los ingleses-. Entre ellos, está el líder Champagne (Jeff Bridges) y los agentes Tequila -un desarpovechado Channing Tatum- y Whiskey (Pedro Pascal) y la agente Ginger Ale (Halle Barry, que sería la equivalente americana de Merlín). Con todos estos efectivos tendrán que salvar el mundo de la amenaza de los efectos letales de las drogas.

La película se desarrolla por la combinación entre las escenas más “personales” entre personajes, donde podemos comprobar cómo son las relaciones entre ellos, y las escenas de acción más trepidantes, exageradas y extravagantes -mucho más que en la primera parte-. Lo mejor de la propuesta es, sin lugar a dudas, la relación entre los Kingsman, especialmente entre Eggsy, que ya ha superado con nota la etapa de aprendiz, y el recuperado Harry (y no os desvelaremos cómo para no estropearos la película) y también, en menor medida, con Merlín. Egerton, Firth y Strong dan entidad a sus personajes, lo que los hacen más “queridos” por el espectador. Por contra, en mi opinión, no conectamos tanto con los Statesman, quizás porque no presenta personajes tan interesantes ni están tan bien desarrollados. Quizás lo mejor de los Stateman es el buen hacer de Pedro Pascal como Whiskey y sus habilidades con el “lazo”, entre otras curiosas cuestiones -y no decimos mucho más-.

La parte de la love story de Eggsy con una princesa sueca tampoco nos acaba de convencer, quizás se ha de entender como que Eggsy se ha desarrollado tanto personal como profesionalmente. Por lo que se refiere a las escenas de acción, algunas nos convencen y enganchan, mientras que otras resultan un tanto repetitivas y no nos aportan más que minutos a un metraje que se eleva a los 140 minutos.

Así pues, quién vaya a ver Kingsman deseando ver una película de puro entretenimiento no se defraudará, pero aquel que se espere encontrar el nivel de sorpresa y el encanto de la original, quizás salga algo más decepcionado.

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