IN THE HEIGHTS: SUEÑITO PRE-HAMILTON

(1 votes, average: 3,00 out of 5)
Loading...

En estos días de calor donde los huevos se podrían freír encima de un adoquín, es refrescante encontrar una propuesta como In The Heights.

Tras un año atípico donde las grandes propuestas se han «bunkerizado» como nosotros, la frescura que propone este musical de energía positiva entra tan bien como una de las «piraguas» que Lin-Manuel Miranda, escritor de la obra original junto a Quiara Alegría Hudes que interpreta un pequeño papel como vendedor de granizado, reparte al vecindario. Sin embargo, para todos aquellos que pudimos ver la grabación de su posterior éxito de Broadway en  Disney Plus durante el confinamiento, Hamilton, las comparaciones son inevitables. Y bajo quien suscribe, hasta cierto punto, odiosas.

En In the Heights, están muchas de las claves que estarían después en Hamilton. Prácticamente los diálogos substituyen a las canciones -que son el 95 % de la cinta-, y la partitura tiene una estructura de ópera, donde los leit-motivs musicales rapeados dan lugar a frases como «paciencia y fe» o «no me diga», de forma orgánica y con una vibe actual y reivindicativa, que creo que es de lo más sana. Sin embargo, pienso que, a diferencia de su predecesor, el «buenísimo» hace estragos en el resultado final.

En In The Heights la lucha es contra un enemigo invisible y estructural que pulula en el ambiente y sí, es veraz, pero también creo que su sombra queda muy diluida en el libreto. Y tampoco ayuda esa sensación general de que todos los personajes no tengan aristas, ni grises, resultando al final menos interesantes de lo que en un principio cabía esperar. Y es que ese para mí es el principal problema de In The Heights: A este relato le falta un malo propiamente dicho, que le haga profundizar mas en sus temáticas, o quizás un conflicto mejor presentado. Y para mas inri, su doble historia de amor es una reiteración, ya que ambas son mas bien las dos caras de una misma moneda. Y entonces es cuando considero que el conjunto pierde algo de fuelle, lo que cuenta pierde cierto impacto que era el que requería.

Y es que el mayor handicap de In The Heigths considero que viene de la fuente original. La adaptación y su traslado en la pantalla es impresionante y hay poco que objetar al respecto. Los actores están entregados, tanto con Anthony Ramos, -substituyendo al rol de Manuel Miranda de la original-, como Corey Hawkins, Melissa Barrera y, sobre todo, esa Olga Merediz encarnando a la Abuela Claudia, tanto en el original como en el film que es de lo mejor de la función, ya que los momentos mas mágicos y emocionales tienen que ver con ella. Por su parte, Jon M. Chu le da el ritmo necesario a la historia y no se limita a encorsetarse en la dirección, sino a otorgarle dinamismo y ligereza a la cámara cada vez que lo requiera la escena, con una fotografía de Alice Brooks en Panavision llena de colorido y contraste, -esta directora de fotografía repetirá este año en el género con Tick, Tick…Boom!-. De ese modo, salen números musicales tan originales como el de 96.000 dólares con coreografías a lo Busby Berkeley en una piscina, o ese When The Sun Goes Down, que parece mezclar West Side Story con el musical de Gene Kelly y Un Amor entre dos mundos.

Y, por último, obviamente, su mensaje. Que si bien considero que podría ser mas preciso, es como mínimo pertinente.  Porque In The Heights es una reivindicación necesaria, tanto de pertenencia a una comunidad, -en este caso la latina en USA-, como del hecho de que, por muy dura que sea la vida, siempre tenemos que luchar por nuestro «sueñito”.

JOAN BOTER ARJONA.-

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *