I AM NOT MADAME BOVARY: EL ESTIGMA Y LA LUCHA

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En el último Festival de San Sebastián se pudo comprobar de primera mano el impacto del “fenómeno Bingbing Fan”, una de las actrices más valoradas de China y que acabaría logrando la Concha de Plata a la Mejor Actriz. Su película, I am not Madame Bovary, se hacía con el premio gordo, la Concha de Oro a la Mejor Película, confirmando ese palmarés oriental que se había rumoreado durante aquel último sábado de septiembre y que completaría el realizador Hong Sang-soo con el premio a la mejor dirección. Feng Xiaogang presentó en San Sebastián una nueva muestra de ese género que él mismo ha establecido dentro de la filmografía china: el denominado “Cine de año nuevo”, conformado por comedias ligeras que se proyectan entre diciembre y febrero.

I am not Madame Bovary tiene, efectivamente, un tono amable y ligero durante su primera mitad. Es durante ese tramo cuando la película funciona mejor: el espectador asiste, no sin cierta sorna, a la insistencia de una mujer que año tras año solicita el divorcio real de su marido. A medida que sus reclamaciones van ganando en firmeza, la película va entrando en el drama familiar, para acabar convirtiéndose en un drama social.

La cinta comienza con muy buen ritmo, entretiene con sus diálogos y situaciones divertidas. Sin embargo, cuando supera su ecuador, cuando lo que era ligero empieza a tener cierto regusto dramático, hay cierta sensación de que comienza a enredarse sobre sí misma, a reiterar situaciones. Al espectador se le congelará la sonrisa en más de una ocasión (y más de uno se indignará). Cuando está a punto de iniciarse el epílogo, la película ha abierto tantos frentes que pareciera como si todo se precipitara durante los últimos minutos. Mientras Feng Xiaogang va abandonando la comedia y se hunde en el drama, plantea una resolución deslavazada. Pero que esconde una realidad: lo fácilmente que la clase política y el sistema judicial dejan de lado las reivindicaciones de una mujer, haciendo pasar su insistencia por histerismo o locura. La crítica social es evidente pero se diluye en esa aceleración final.

Formalmente la película cuenta con una fotografía muy cuidada y una variedad de formatos que son a la vez reclamo y condena. Llamativo y muy interesante al principio, ese juego de formatos no parece tener fines narrativos, pudiéndose tomar como un simple capricho artístico. En cuanto al reparto, es muy destacable el trabajo de Bingbing Fan, la superviviente del cambio de tono del film: acertada en los momentos más cómicos, intensa en los momentos más dramáticos pero sin caer en el exceso.

Analizando la película en su conjunto, es posible que la forma acabe matando al fondo. Pero sería injusto ver I am not Madame Bovary únicamente como un experimento cinematográfico. Si dejamos de lado el envoltorio, la película tiene una profundidad argumental que sobrevive a cualquier traspié cinematográfico y merece que nos acerquemos a ella con una mirada libre de prejuicios.

IMMACULADA PILAR COLOM.-

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