EL HOMBRE DETRÁS DE ROLDÁN

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mil

Los primeros compases del nuevo trabajo de Alberto Rodríguez empiezan por un aviso a navegantes. La historia que nos cuenta está “inspirada en hechos reales”. No en vano, desde el primer minuto vemos que este film no es eso que llamamos un telefilm cualquiera. No solo por su presupuesto. Tiene músculos en todos los campos: Actores, dirección, montaje e, incluso, unos diálogos afilados; todo ello síntoma de buen cine. Y sin embargo, al final del camino, me da la impresión que sus responsables han escogido el camino más accesible para contar esta historia: La de la ejercer de dramatización de lujo para dummies (yo incluido) de la historia de Francisco Paesa y su implicación en el caso Roldán.

La pregunta…¿Es una buena decisión? Bajo mi punto de vista, a medias. Cuando en Grupo 7, Alberto Rodríguez nos metía en la piel de los miembros grupo 7, lo hacia con el telón de fondo real del contexto de la Expo 92 pero nunca hacia que esa trama se comiera a la otra. Lo mismo sucedía con La Isla Mínima en la que, tras la línea argumental del whodunit policíaco, se ocultaba la historia de sus personajes; muy marcada por el contexto franquista y hasta ahí puedo contar, para los que no la han visto. Pero esta vez, la historia “real” de Francisco Paesa es tan “suculenta” como intrincada; con lo que hace que Rodríguez se enfrente a un cambio substancial con respecto a sus crónicas anteriores: La de subordinar el drama de los roles a la historia principal. Y eso, en parte del metraje, creo que le pasa factura…

Porque El hombre de las mil Caras no es ni de lejos una mala película. Sin ir mas lejos, primer tramo es excelso. Nos metemos en la vida de Paesa como si viéramos una versión de El lobo de Wall Street patrio (salvando las distancias) con el ritmo y la ironía, aunque con el estilo sobrio y estilizado de la imagen del director andaluz. Los actores no pueden estar mejor. Carlos Santos está sublime como Luís Roldán (el Goya debería ser para él, así como su mujer en la ficción, Marta Etura. Eduard Fernández le da un aura de misterio a su personaje en sus mejores momentos así como algunos secundarios roba-escenas de todo ese entablado.

El problema que, tras la presentación de personajes, creo que la historia empieza a fluctuar demasiado con el punto de vista. La voz de off de Coronado es necesaria para entender lo que sucede, pero a su vez me provoca un distanciamiento como espectador en una historia que brilla mas cuando es mas mínima. Y aunque el film más que valiente es casi heroico al tratar según que temas en este país de tabús, parece pasar por alto según que recovecos de la historia. Y ese es para mí el principal problema de película: Es buena pero lo tenia todo para ser mucho mejor y no lo es.

En definitiva, un film entretenido que habla en pretérito para contar cosas de nuestro presente (la corrupción de hoy en día) y que además, indaga en las debilidad humanas de forma como alguien dotado por la sutileza cinematográfica puede hacer, Alberto Rodriguez.

JOAN BOTER ARJONA.-

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