GREEN BOOK: ROAD MOVIE OSCARIZABLE

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Green Book, de Peter Farrelly, cuenta la relación que mantuvieron el pianista de color Doc Shirley con su conductor y guardaespaldas, Tony “Lip” durante la década de los 60. La película acierta por la colisión entre dos personajes, que provienen de mundos totalmente distintos y casi antagónicos y que, destinados a entenderse por su relación laboral, acabaron forjando una amistad.

Doc Shirley, -interpretado con maestría por Marheshala Ali, que parece destinado a llevarse su segundo Oscar como actor de reparto viendo los galardones conseguidos durante esta temporada de premios-, es retratado como un músico de color instruido, muy culto y refinado que está acostumbrado a dar conciertos para las clases altas de Norteamérica. Su tragedia es que, educado como un “blanco” no es aceptado por ellos por las leyes y normas de segregación racial de la época, que no le permite ni utilizar los mismos baños ni acceder a las mismas tiendas, ni siquiera comer en los mismos restaurantes que los que le han contratado para dar sus conciertos. Aunque tampoco parece “integrado” entre la población de color de la época. Por ello, se siente excluido y marginado y, de ahí, su sensación de soledad y de no pertenecer a ninguna raza ni condición social.

Mientras que Tony Lip, -encarnado con convicción y gran vis cómica por el nominado más “tapado”, Viggo Mortensen-, es presentado como un italoamericano charlatán, con mucha labia y capacidad de seducción, a la par que métodos expeditivos. No es culto ni sabe hablar bien, pero consigue lo que se propone sin muchos esfuerzos. Además, sabe vivir la vida y saborea todo al máximo, -empezando por la comida y terminando por las relaciones amistosas y familiares-.

La película se estructura como una road-movie -ya que la mayor parte del tiempo la pasan en carretera yendo a una gira de conciertos por los estados del Sur de América- en la que a Peter Farrelly le interesa contraponer dos personalidades muy distintas de dos hombres que, perteneciendo a clases sociales y a niveles educativos opuestos, llegaron a entenderse y a estrechar lazos de amistad.

Asimismo, la película construye una crítica contra la sociedad segregadora del momento y  contra los prejuicios raciales por el hecho de tener un color de piel distinto a la mayoría. En definitiva, estamos ante una comedia dramática que funciona básicamente por la complicidad y la buena sintonía entre Viggo Mortensen y Marheshala Ali, que son el alma de este film, que termina como un cuento de Navidad y que se queda en una fábula tan bienintencionada como demasiado inofensiva.

SONIA BARROSO.-

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