GARY OLDMAN: INCREÍBLEMENTE CAMALEÓNICO

Gary Leonard Oldman nació en Londres en 1958 en el seno de una familia humilde. El joven poco tardó en interesarse en el mundo de la interpretación, camino nada fácil ya que dicha carrera está llena de varapalos e desilusiones, como el hecho de que el joven Gary no pudiera entrar en la Royal Academy of Dramatic Arts, la más prestigiosa escuela de Arte Dramática del Reino Unido. Pero eso no frenó a Gary, y no tardó en hacer sus primeros “pinitos” en el teatro y el cine. Fue en la gran pantalla en que obtuvo su primer éxito gracias a Stephen Frears en Ábrete de Orejas, film que le valió su primera nominación al Bafta.

A partir de ahí, Gary Oldman se consolidó como estrella de cine británico y empezó a asomarse como secundario en el cine de Hollywood: Desde Amor a quemarropa, de Tony Scott, o La Letra Escarlata, de Roland Joffre, pasando por uno de sus papeles mas célebres, en Drácula, donde fue el protagonista de la brillante adaptación que hizo Francis Ford Coppola de la novela de Bram Stoker. Además de eso, no podemos olvidarnos de sus papeles en el cine francés de la mano de Luc Besson en León, el Profesional y El Quinto Elemento , que aumentaron aún más su fama.

Sin embargo, sus papeles mas célebres con el permiso del citado Drácula vendrían de la mano de dos sagas: Una es la trilogía del Batman de Nolan; y la otra la de Harry Potter. El comisario Gordon y Sirius Black nos mostraban dos grandes personajes humanos, muy diferente a los villanos que solía encarnar en el cine más palomitero. También es obligado recordar al comedido agente Smiley de El Topo, de Tomas Alfredson, que le daría una nominación al Oscar. Y no, tampoco nos olvidamos de sus “pinitos” en el cine español de la mano de Koldo Serra y su Bosque de Sombras.

Pero el rol que le va a dar el Oscar casi con total seguridad es el de Churchill en El Instante más oscuro, de Joe Wright, según todas las quinielas y premios que está obteniendo por su transformación mimética en el célebre Primer Ministro Británico. Y sí, es el típico papel en que un actor se caracteriza con mucho maquillaje, pero su Churchill es mucho más que una caracterización. Aquí Oldman demuestra una vez más que es una bestia parda, tanto en los momentos más cómicos como en los más dramáticos. Y es que usando la imagen estereotipada de Churchill, Gary Oldman crea un personaje fascinante, motor de la muy estimable última cinta de Wright. ¿Su mejor papel? Puede, pero hay tantos para escoger y aún pueden venir varios más…Es lo que tienen actores de su calibre. Oldman es capaz de transformarse como un camaleón en en mil personajes, con gran variedad de registros interpretativos, y siempre ofreciendo la mayor credibilidad. Por ello, personalmente, me alegraría que le diesen la estatuilla, porque se merece eso y mucho más.

JOAN BOTER.-

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