FAST AND FURIOUS: CUANDO MÁS NO BASTA

Contexto: noche de verano y a uno no le apetece pensar (ni el calor te deja) y tu mujer te sorprende viendo algo que ni ella misma puede explicar porqué ves como ser humano ¿normal?. Sí, estás viendo Sharknado 4 y tu mujer te dice que cómo puedes estar viendo eso y la respuesta es que aún sabiendo que es mala, no puedes dejar de verla ni disfrutar de ello. Pues bien, algo parecido ocurre cuando la gente me pregunta por qué me emociono al ver el trailer de cualquier parte de Fast and Furious. Aunque aquí no es verla por ser mala, es verla porque cada entrega quieres saber hasta qué punto llegaran. De hecho, más que compararla con Sharknado, la compararía con otra saga que con sus altibajos ha sabido ganar una legión de fans como Misión imposible.

Situando un poco el contexto de la saga, la primera entrega de The Fast and the furious (A todo gas) era lo que era: un remake encubierto de Le llaman Bodhi con las carreras de coches callejeras de fondo. Teníamos un bueno/bueno inexpresivo pero resultón (Paul Walker haciendo de Keanu Reeves) y un malo/bueno carismático con el que congeniábamos más que con el héroe (Vin Diesel haciendo de Patrick Swayze). Incluso aparecía una banda de amigotes y una chica enmedio de un triángulo amoroso (aunque en este caso era un amor entre hermanos, que chocaba con el otro amor). La verdad es que fue, al igual que su referente, una película de su época (en ese momento el mundo de los coches tuneados se puso de moda y atraía a los jóvenes del momento). Era una película de acción correcta y bien rodada, sin más que añadir. Su éxito llevó a las inevitables secuelas.

La secuela, 2 fast 2 furious ya fue otro cantar. Quitando de la ecuación al villano carismático, quisieron dar fuerza al personaje de Walker y a más coches tuneados y allí ya se notó el declive. No tenía esa relación de “bros” con la que la original hacía gala y aún introduciendo nuevos personajes (el amigo-negro-chistoso de Tyrese Gibson y la poli latina sexy Eva Mendes, tópicos de libro) no llegó a calar más allá de los fans de los coches tuneados y las escenas marca de la casa con chicas bailando ligeras de ropa. De hecho, si algo se le critica a la saga en general es su misogínia evidente donde las chicas son meros objetos de adorno (al menos hasta cierto punto de inflexión de la saga). Aún con las críticas llegó una tercera entrega.

La tercera entrega fue el “rara-avis” de la saga, “Fast and furious: Tokyo drift”. Ya no estaba ningún personaje de la original (más allá de un cameo final que luego comentaré). Aparece un actor nuevo, Lucas Black, que volvía a fallar en lo mismo que Walker: cara guapa y cero carisma. El único que llamó la atención fue un personaje que hacía el papel de mentor del chico americano que se va a Japón y conoce el mundo de las carreras llamado Han e interpretado por Sung Kang. Posiblemente dicho personaje es el que podríamos llamar el punto de inflexión en la saga y en su devenir. Aunque la verdad es que al ver que la taquilla fallaba y que dejaba de interesar el tema de las carreras (por mucho que incorporaran el tema de los drifts o derrapes) llamaron al único que podía salvar la saga, el que lo inició todo: Vin Diesel, haciendo un breve cameo al final de la película. Pero allí no quedó la cosa: Diesel, en horas bajas, quiso coger el proyecto y darle una vuelta de tuerca y allí llegó el verdadero punto de inflexión en la saga. De hecho, podemos hablar del antes y el después de ese momento.

Cuando apareció la cuarta entrega, Fast and furious, muchos creyeron que era una especie de remake, de volver a hacerlo de cero, pero bien hecha esta vez, y fue una de las mejores jugadas posibles: la cuarta parte era una precuela de la tercera (y la sorpresa no se quedó allí). De hecho, visto con perspectiva, considero que la cuarta parte es la verdadera segunda parte de la saga (uno podría borrar 2 fast 2 furious del mapa y no afectaría en nada, como una aventura en solitario del personaje de Walker y nada más). Además, en esta cuarta parte recuperan el espíritu de la original: lo que se cuenta es la historia de amistad y camaradería entre dos personajes que estan uno a cada lado de la ley pero que comparten el amor por los coches y por una mujer en común. También se quiso cambiar el tono, no basarse tanto en el mundillo de las carreras clandestinas y buscar otras tramas, con traficantes de drogas en la frontera mejicana. Aquí acertaron de pleno en varios temas, como que la historia trasversal de la saga hacía acto de presencia y no era otra que el concepto de família y el amor condicional hacia ella, o la incorporación de nuevos personajes (aparecía una poco conocida en ese momento Gal Gadot que acabaría siendo clave en la saga). Lo más curioso era que la película no se consideraba como una historia concluyente sino que acababa en pleno “cliffhanger” dando pie a la idea de que la cuarta parte era un capítulo de una historia que iba a continuar en futuras entregas.

Y así fue, porque nadie esperaba lo que se avecinaba cuando llegó la quinta parte, Fast 5. Fue esa película la que mostró el camino de la saga y el público (y curiosamente la crítica) lo abrazó de buen grado. De hecho, uno podría creer que fue esta parte la que inició el verdadero fenómeno fan de la saga. ¿Los ingredientes? Mantener lo que funciona (su trío protagonista) y añadir a la mezcla nuevas propuestas de acción y de personajes. Allí crearon un equipo de élite compuesto por personajes conocidos de anteriores entregas y que les daban un margen de interacción donde cada uno podía brillar a su manera (de hecho, muchos los comparaban con un equipo de superhéroes, aunque fue en la siguiente entrega donde se evidenció más). Y se seguía viendo la historia como una continuación de la cuarta parte y aún anterior a la tercera (por un personaje en particular). El otro ingrediente estrella fue como tomaron parte de la historia jugando con otra referencia cinéfila como El fugitivo. Y es que si aquella tenía al agente del FBI Sam Gerard esta tenía al agente Hobbs y no era otro que Dwayne Johnson, “The rock”. Allí la película se convertía en una persecución por distintos parajes (que al igual que Misión imposible, donde ya empezaban las comparaciones, jugaba con distintas ciudades más o menos exóticas) y en una lucha sin cuartel entre depredador y presa, llegando a dos puntos álgidos: el mano a mano entre Diesel y Johnson (la pantalla no bastaba para tanto músculo) y la persecución final por las calles de Río arrastrando dos cajas fuertes, logrando uno de los momentos que te hacen levantar en el cine de puro goce. Y cuando todo parecía indicar que allí quedaban todos felices y contentos, una escena post-créditos recuperando un personaje de la saga presuntamente desaparecido, volvió a dar pie a que la saga aún no había acabado.

Y es que con la llegada de Furious 6 uno ya estaba preparado para lo que fuera y sobre todo al “quiero más y más grande”. Y lo consiguieron. Enfrentaban al equipo invencible con sus némesis malvadas, unían fuerzas con Hobbs y se juntaban con un propósito común (el verdadero hilo conductor de la saga): juntar a la família y anteponerla a todo. Y claro, todo con el supuesto de más y mejor. Ahora ya no bastaban con persecuciones, ahora había que volar de coche en coche, perseguir tanques y hacerlo siendo molón y soltando frases molonas. A estas alturas el que entraba en la sala esperaba eso y lo deseaba. Y las expectativas se cumplieron, arrasando en taquilla más incluso que su antecesora. No hartos con eso, aún guardaban una jugada maestra: con una escena final posicionaban el orden cronológico de las películas (ubicando esta trilogía formada por la 4,5 y 6 como precuelas de la 3) y se daban el lujo de presentar al villano de la futura entrega, Jason Statham. Evidentemente no eres fan del cine de acción moderno sin saber quien es el único e inigualable Transporter y allí los ojos se nos ponían vidriosos a algunos imaginando lo que podría surgir.

Y obvio, surgió. Fast and furious 7 trataba de una historia de venganza, otra vez con el trasfondo de la familia como motor de la acción tanto por parte de los héroes (o superhéroes ya llegados a este punto) como por parte del villano. Aunque si por algo pasó a la historia esta parte dentro de la saga fue por la pérdida de Paul Walker a mitad rodaje y que la retrasó medio año hasta prácticamente redefinirla. El éxito en taquilla iba a ser devastador y en parte se quería rendir homenaje a Walker dejando su historia en buen término (cualquier otro se hubiera limitado a “lo matamos y listo” pero siendo el concepto de familia y de camaradería el leit-motiv de toda la saga los fans no lo hubieramos perdonado). Evidentemente no faltaron las secuencias de acción (coches volando a muchos niveles) ni las peleas (con Statham, Johnson de por medio e incluso introduciendo a Tony Jaa para darle exotismo), pero en verdad fue su homenaje final a Walker lo que marcó el devenir de todo. En ese tema tanto Vin Diesel, que llegó a querer a Walker como a un hermano en la vida real, como el director James Wan no quisieron que el proyecto quedara enturbiado (ni la memoria de Walker) haciendo un guión adaptado a las circunstancias y con una conclusión al personaje precipitada y rudimentaria. La verdad es que era una deuda hacia los fans y también necesitábamos nosotros despedirnos como se merecía de su personaje, y la verdad es que estuvo a la altura, con una secuencia final al son de “See you again” (injustamente eliminada de los Oscars aquel año y prueba es que sigue sonando en la radio en lugar de la que acabó ganando, “Writing’s on the wall”) que nos hizo saltar lágrimas pero que cerró una historia de forma coherente y respetuosa.

¿Y ahora qué? Pues a punto de ver la siguiente entrega uno ya no puede más que rendirse. Rendirse a esos personajes que son capaces de desafiar las leyes de la física, el tiempo y el espacio (ojo al final de Furious 6 en una pista de despegue de un aeropuerto que ríete tú del campo de Oliver y Benji) pero que te dá igual, lo que quieres es disfrutar de un divertimento, de una evasión sana y sin lecturas filosóficas ni políticas: Es simple diversión sin pretensiones y estoy de acuerdo en que el cine es arte, cultura, sensibilización, pero también es diversión y ocio (no soporto a la gente que considera que “eso” no es cine, que sólo la Nouvelle Vague o el expresionismo alemán son dignos de verse y el resto es pura maquinaria comercial). El cine es todo eso y más y uno puede emocionarse viendo Mommy, de Xavier Dolan y, a la vez, viendo dos coches tomando dos caminos en una carretera como metáfora de la muerte y la separación.

JOSEP ISAAC PELLICER.-

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