ESPECIAL TIBURONES: PARTE 2

En el anterior artículo repasé las que serían las películas que conformarían la llamada “saga de la familia Brody” o “saga de Tiburón”, en referencia a la original de Spielberg. Pero, tras el éxito de ésta y el resto de películas (unas más que otras), ahora toca el turno de repasar los otros films donde los tiburones han aparecido como motor principal, como elementos de terror o cuyo  protagonismo en la historia recae en ellos.

Sin entrar aún en el llamado exploitaition del género, aquellas cintas de calidad irrisoria que simplemente buscan el entretenimiento y el aprovecho del tirón creado con unos recursos tan básicos, que parecen hechas con una app de teléfono móvil, voy a abordar ahora algunas de las películas (a mi parecer) cuya calidad o propuesta es notable y que han tenido relativo éxito en el público. Y no todas van a ser de terror, también hay cabida para las aventuras e incluso para el cine familiar.

Si empezamos por las que podríamos calificar propiamente de terror acuático, cronológicamente citaría las siguientes:

Deep blue sea (1999, 2018 y 2020)

Tras la saga de Tiburón, aparte de películas de bajo presupuesto que sólo tuvieron salida en formato doméstico la mayoría no fue hasta 1999 cuando apareció en cines Deep Blue Sea, donde al menos una productora importante como Warner confió en un director solvente como Renny Harlin (que ya había hecho La jungla 2, Máximo riesgo, La isla de las cabezas cortadas o Memoria letal) y unos actores como Thomas Jane, Safron Burrows o LL Cool J junto a un Samuel L. Jackson que daban empaque a la propuesta.

Un laboratorio ubicado en el profundo mar donde se crían a una especie de tiburones mako, modificados con la esperanza de encontrar una cura contra el alzheimer y, sin saberlo, acaban creando a unos super tiburones cuya inteligencia supera a la de los humanos que los han creado y se dedican a intentar escapar y alcanzar mundo abierto. La película estaba muy bien lograda y las escenas de los ataques eran creíbles, efectivas, tal y como se esperaba de alguien como Harlin. Casi 20 años después aparecieron dos secuelas, una más salvable que otra, pero que ya no llegaban a la altura del original.

Open water (2003, 2006 y 2010)

Tras el boom que supuso El proyecto de la bruja de Blair en 1999 se puso de moda el “found-footage” o películas basadas en cintas encontradas donde se exponen grabaciones en que el terror o el suspense son la clave de una muerte o desaparición.+ Pues alguien pensó que podría ser buena idea incorporarlo al mundo de los tiburones y apareció el caso de Open water. Aunque como “found-footage” propiamente dicho lo es más la tercera parte (para mi superior a la primera) en el caso de Open water vemos a una pareja de viaje de placer donde deciden hacer submarinismo y por un despiste tonto acaban abandonados a su suerte en mitad del océano. Y, evidentemente, al rato empiezan a sentirse acompañados por lo que nos podemos imaginar.

Aquí el terror radica más que en la historia en sí en cómo está contada. Rodada en cámara en mano de una manera casi documenta,  da la sensación de estar en directo viendo lo que ocurre como si fuera la misma realidad en directo, casi como un “Gran hermano” con tiburones acechando y uno siendo espectador de la tragedia. Fue alabada por público y parte de la crítica por lo singular de la propuesta, y recaudó unos 50 millones bajo un presupuesto de 500 mil dólares, lo que se ve como un éxito. Tuvo dos secuelas ya no tan destacables, aunque la tercera parte como “found-footage” puro tenia algunas escenas de ataques de tiburones muy logradas y escalofriantes, aún sabiendo que hay truco detrás.

The reef (2010)

Sin aportar nada nuevo y, siguiendo un poco la estela de Open water, tenemos otra cinta de angustia, donde un accidente en alta mar con un arrecife provoca que un barco con unos amigos quede varado en medio del océano y con tiburones acechando. Un poco más de garra no le hubiera venido mal y,aunque no deja mal sabor de boca, parece que en manos de otro director podría haber sido notable. En mi caso olvidable aunque si os gusta las anteriores de Open water, esta película es como una versión mejorada con algo más de presupuesto.

Shark night (2011)

Una de mis favoritas en cuanto a disfrute y diversión. Casi como si habláramos de un slasher con tiburones. Un grupo de universitarios de vacaciones en una casa al lado de un lago donde, inexplicablemente, empiezan a ser atacados por distintos tiburones en una zona en la que normalmente no hay. Lo que podría parecer una más del montón, se convierte en una notable película, en la que los habitantes del pueblo esconden un terrible secreto y estos jóvenes no son víctimas de una sucesión de ataques aleatorios, sino que está todo perfectamente planificado y con un propósito que no desvelaré. Además, aparecen no un tiburón, sino distintas especies de tiburones, -martillos, makos, toros, blancos y cigarros,- lo que hace sino que mejorar la película y la diversión. Si una cinta me sorprendi, sin esperar mucho de ella y he repetido varias ocasione, es ésta.

Bait (2012)

Aunque al principio los efectos especiales puedan parecer más bien cutres, -el tsunami inicial es bastante horrible de ver)-, la verdad es que mejora cuando la acción se sitúa en el interior de la tienda. En ese momento, se convierte en una película donde un tsunami provoca que tiburones se cuelen en una tienda, y los clientes atrapados en ella tengan que sobrevivir al ataque de los escualos. Tiene momentos delirantes y da lo que promete, siendo un divertimento que, aunque olvidable, vale la pena ver aunque sea por pasar el rato. No tiene nada que ver con la magnifica película que hizo años después Alexandre Aja con una temática parecida, pero con caimanes en lugar de tiburones, Crawl, donde allí sí  teníamos un buen ejemplo de tensión con efectos muy bien logrados.

The shallows (2016)

La (posiblemente) mejor película moderna de tiburones, ya que se acerca más al espíritu de la original y que bien podría haber sido la primera de una saga que hubiera impactado al nivel primera, pero para las nuevas generaciones. Dirigida por un artesano como Jaume Collet-Serra, el cual no se reivindica lo suficiente, habida cuenta de la calidad de sus películas, y con el protagonismo centrado en Blake Lively, se centra en la historia de una surfista que es víctima de un ataque de un tiburón blanco, del que consigue escapar hasta quedar en un islote aislada a poca distancia de la costa.

La angustia de no poder salir del islote, puesto que el tiburón la acecha en círculos y que la marea va subiendo, convierte esta película en una contrarreloj angustiosa, perfectamente ejecutada y creíble, sin estridencias pero muy contundente. Sin duda alguna, una de las mejores propuestas que han habido en los últimos años por lo simple y efectivo de todo el conjunto. Ojalá más como ella.

A 47 metros (2017 y 2019)

Tras el éxito de The shallows parecía que volvía la  “tiburonmania” en pleno siglo XXI y aparecieron en poco tiempo dos propuestas destacables, aunque en mi opinión una más que la otra. A 47 metros bebía bastante de la cinta de Collet-Serra en cuánto a que volvíamos a enfrentar a dos chicas contra tres tiburones blancos en una situación de difícil escapatoria. En este caso, una jaula de la que se rompe el cable y que deja a las jóvenes a 47 metros de profundidad con oxígeno limitado y con tres bestias voraces a su alrededor. El único problema que le veo es que, al cabo de un rato, la propuesta pierde fuelle y credibilidad y, la intenta compensar con un cierto giro final, el cuál, además de predecible, me pareció una pobre excusa de intentar cerrar o hacer creer al espectador una falsa sensación de sorpresa, que a mí no me convenció ni alcanzó. Otra historia fue su secuela que, en mi opinión, es superior.

Con una idea parecida, un grupo de chicas buceando en unas ruinas submarinas se encuentran también atrapadas y acechadas por unos tiburones blancos. Lo novedoso de la propuesta está en que dichos tiburones son ciegos, debido a la profundidad en que viven, pero con sentidos más desarrollados, lo que provoca que sean igual de peligrosos o más (ya que en la profundidad tampoco es que haya mucha luz). Casi podría definirse como un No respires con tiburones. Además, aquí el giro final se decantó más que por la sorpresa, por destacar la ironía y es un film que bien provoca una sonrisa (o en mi caso, carcajadas al ver el desenlace) al espectador, que hace que la sensación final sea más de satisfacción que de decepción o engaño, como ocurría en la anterior parte.

JOSÉ ISAAC PELLICER.-

Edición: SONIA BARROSO.-

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