ESPECIAL TIBURONES: PARTE 1

Todos tenemos un género favorito en el cine y no voy a ocultar que, aparte de la acción, ciencia ficción y fantasía, me encanta el terror. Pero dentro del terror hay un subgénero que se pasó de ser el ingrediente que poblaba mis pesadillas a convertirse en mi placer culpable: Las películas de tiburones.

Es por eso, y por el 45 aniversario de la película que se cumple el 19 de diciembre por la que os vamos a presentar un especial relacionado con cómo el cine ha tratado a dichos animales a lo largo de los años.

Evidentemente, si hay que empezar por un sitio es por 1975, verano (aunque en España llegara un 19 de diciembre) y Steven Spielberg. Un año antes Peter Benchley publicó una novela titulada Jaws (Mandíbulas en castellano) en la que se narraba el ataque de un tiburón blanco en una población costera y la caza de él hecha por tres hombres. Siendo un éxito de ventas notable para la época, captó la atención de los productores Zanuck y Brown, que  compraron los derechos cinematográficos y le dieron la batuta a un relativamente poco conocido Steven Spielberg. Lo que ocurrió en ese momento es historia del cine y del arte en mayúsculas. Tiburón (Jaws) es el alfa y el omega del género.

Es la película que, sin saberlo ninguno de los que formaron parte de ella en ese momento, definiría el concepto de “blockbuster” y escribiría las reglas hasta el día de hoy en cuanto a éxito veraniego se refiere. La conjunción perfecta de astros. Un director de talento incomparable con ansia de demostrar lo que se podía hacer, un trío de actores dando tal carisma a sus personajes, que son iconos del cine y sus frases mantras a replicar (¿Cuántas veces hemos oído lo de que “necesitamos un barco más grande”?) y una de las bandas sonoras más reconocibles y míticas del cine.

Roy Scheider es el jefe de policía Brody, el héroe a su pesar. El miedoso, cauteloso padre de familia que avisa del peligro pero del que nadie hace caso hasta que es demasiado tarde. El que se marea al subirse a un barco pero que debe enfrentarse a un monstruo para salvar a su familia y a su pueblo. No sólo en ese tercio final donde saca el valor necesario brilla el actor, en los momentos íntimos  mirando a su hijo pequeño o con su mujer vemos a un personaje lejos de ser un héroe sino una persona normal que debe enfrentarse a una amenaza que le supera y sin apenas ayuda.

La ayuda llega en forma de un viejo borracho y malhablado llamado Quint e interpretado prodigiosamente por Robert Shaw. El actor conocido como villano de James Bond en  Desde Rusia con amor, como el maravilloso villano Lonnegan (o Lonnigan según Paul Newman en la clásica partida de cartas) en El golpe o como Enrique VIII y nominado al Oscar por Un hombre para la eternidad hizo tan suyo el rol breve pero vital del cazador Quint que se convirtió en un icono instantáneo. Dicen malas lenguas que ese carácter conflictivo y alcohólico de Quint no distaba tanto del propio Shaw pero no se puede negar que jugó un papel clave en el éxito de la película. El momento narrando la historia del Indianápolis o cantando en el barco son tesoros a guardar para futuras generaciones.

Y en medio, entre el cobarde y el temerario, está Hooper. Richard Dreyfuss es el oceanógrafo Matt Hooper. el estudioso, la rata de biblioteca (según Quint) que se alza como la voz de la razón. El equilibrio perfecto. Ni es una rata de biblioteca ni un temerario y no duda en meterse en la jaula para zambullirse junto al tiburón. Su personaje es el perfecto contrapunto a la historia y sin hacer grandes alardes ni histrionismos sabe perfectamente combinar la audacia de Quint junto a la cautela de Brody. Sus momentos junto a Quint en el barco son brillantes.

Y luego, el otro protagonista es, sin lugar a dudas, Spielberg. Desde el diseño del tiburón, que lo mantuvo en secreto para que la impresión de los actores fuera real -se dice que incluso le tenían miedo aún sabiendo que era una maqueta con buzos-, hasta los planos de cámara. Famoso fue el plano de Brody siendo testigo del primer ataque en la playa, el llamado Dolly Zoom o zoom compensado que aunque fuera Hitchcock en Vértigo el primero que lo hizo, el de Spielberg se considera otro portentoso ejemplo dándole impacto al momento en concreto de la película.

Además, Spielberg junto a Bill Butler, supieron dotar a la película de unos planos fotográficos que, combinados con la partitura de John Williams dotaban de momentos de terror e incluso de épica  por ejemplo, el momento de la persecución del barco en busca del tiburón con un plano glorioso de Schneider apoyado en un lado del barco y el agua a toda velocidad a su lado-.

Fue tal el éxito de la película (en taquilla fue la película del año con casi 500 millones de dólares de la época) que no tardaron en estirar del hilo de las secuelas. Tres años después estrenaron Tiburón 2 (Jaws 2) ,esta vez sin Spielberg ni Dreyfuss ni Shaw, pero manteniendo como reclamo al jefe Brody de Scheider. Aún siguiendo el mismo estilo en cuanto a localización e incluso actores secundarios (la mayoría se mantenían en los mismos papeles, incluido el alcalde interpretado por Murray Hamilton o la mujer de Brody, Lorraine Gary) el no estar Spielberg al timón pareció que restó de golpe al conjunto en total. Dirigida por Jeannot Szwarc la película volvía a Amity con un nuevo tiburón atacando al pueblo y con Brody, de nuevo, alertando de lo que va a ocurrir, y nadie haciéndole caso. Supongo que el hecho de no hubieran esos secundarios roba-escenas como Shaw o Dreyfuss hizo que la película no estuviera al nivel de la anterior y el éxito, tanto de crítica como de taquilla, -ecaudó a nivel mundial unos 190 millones-, fue mucho inferior a la predecesora. Pero aún así la cosa no acabó aquí y siguieron con ello.

Y es que ya estábamos en plena exploitation de los tiburones y aparecían clones de la original a diestro y siniestro (de ello hablaré en un próximo artículo). Siguiendo con la que podríamos llamar “saga de la familia Brody”, en 1983 apareció El gran tiburón (Jaws 3 o Jaws 3-D, que en España no se pudo llamar así por culpa del estreno anterior de otra película italiana llamada Tiburón 3 de dos años antes, de la que hablaré largo y tendido en le citado artículo de la exploitation). Dirigida por un desconocido Joe Alves (diseñador de producción de la original o, lo que es lo mismo, uno que pasaba por allí) esta película ya hizo bajar los niveles artísticos a cotas impensables, aunque luego se convirtiera en objeto de culto (la de veces que la vi grabada en VHS de pequeño). Hasta los actores implicados reniegan de ella. En este caso ninguno de las anteriores entregas repite en ella (Roy Schneider ya hizo la anterior por contrato con Universal a regañadientes y en esta estaba rodando El trueno azul, según dicen que aposta por no tener ni que acercarse a ella).

La moda del 3D estereoscópico hacia furor en los 80 y no quisieron perder la oportunidad de tirar del hilo en este caso. La historia se centra en un parque acuático tipo SeaWorld donde un tiburón se cuela y ataca a los monitores del parque (aunque no es el único ni el más pequeño) y donde trabaja el hijo del jefe Brody, Mike, interpretado por Dennis Quaid (otro que reniega de haberla hecho). Con caras conocidas como Louis Gosset jr o Simon MacCorkindale, la película es un despropósito bastante simpático y que, si uno no ha visto las anteriores, es incluso disfrutable (eso sí, los efectos 3D son de pena, y más si se ven hoy en día en formato digital).

Aunque no acaba aquí la cosa, vamos para bingo. En 1987, Joseph Sargent dirigió la que sería la cuarta y última parte de la saga, Tiburón, la venganza (Jaws: The Revenge), y eso ya fue el acabose, el tirar una granada, cerrar la puerta y salir corriendo. Se dice que los críticos no se ponen de acuerdo respecto cuál es peor, si ésta o la anterior, y por lo visto, por poco ésta gana. Costó 23 millones y recaudó en todo el mundo 50, con lo que fue un desastre absoluto pero oye, aquí venimos a jugar.

En este caso, el protagonismo recae en la mamá Brody (de nuevo, Lorraine Gary), que quedando viuda decide ir a pasar una temporada con Mike, su esposa e hijo en un isla después de que un tiburón matara a su otro hijo y convencida de que dicho animal busca vengarse de su familia porque sí, porque debe ser un nieto del tiburón original y de pequeño le debían contar sus papás y mamá tiburón historias de un policía malo que mató al abuelo cuando iba a comerse a unos chicos. Debe ser eso, o al menos lo que cree la señora. Un disparate tal que hasta el tiburón se ve tan mal que apenas da miedo (empatado con el italiano de Tiburón 3, allí allí están).

Para colmo aparece Michael Caine con cara de no saber qué hacer (aunque tiene la mejor frase de la saga, por ridícula, cuando dice aquello de “¿Cómo puede tener hambre si se ha comido mi avión?”), siendo el interés romántico de Gary. Si la primera película es un 10 de 10, la segunda un 6 de 10 y la tercera un 3 de 10, ésta se queda en un 2 y dando gracias. El problema no es que sea mala, es que quiere hacernos creer que es buena, y ni se acerca. Al fin y al cabo, locuras como Sharknado o El ataque del tiburón de 6 cabezas no pretenden ser buenas, saben lo que son y el público al que va dirigido. Aunque esa es otra historia.

JOSÉ ISAAC PELLICER.-

Edición: SONIA BARROSO.-

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