Menú
ESE IRÓNICO DEFECTO QUE ES UNO MISMO
febrero 19, 2016 Articulos

 

ANOMAL

Imaginemos unos sobrios créditos iniciales, en los que únicamente destacan varias conversaciones superpuestas. No captamos más que palabras sueltas y risas. Halo de luz, nubes que esconden al Sol, pero no su luz. Y estamos dentro de un avión. En él, Michael Stone se toma una pastilla -no sabemos si se medica habitualmente, le provoca ansiedad el vuelo, o simplemente está mareado-. Toma del bolsillo una carta de desamor mil veces leída.   Vuelve a leerla. Incómodo entre la gente, todas las caras con las que se cruza son iguales.
Michael es un tipo gris, desmotivado. Y, como casi todo en Anomalisa, una pieza de fina ironía. Animación para dibujar el desánimo total del protagonista; un motivador profesional que no puede estar más desmotivado en su vida personal; multitudes de seres iguales  que pretenden ser diferentes; juguetes que no son para niños. No hay nada que funcione a la perfección en Anomalisa. Salvo, ironías del arte, la propia película. Ejemplo preciso de cómo a través del “stop motion” puede plasmarse mejor como somos y lo que nos rodea, que mediante imagen real.
Además de esa ironía, o quizás a causa de ella, el espectador no puede dejar de sentir una especie de melancolía en el visionado de la película: uno se da cuenta que, como los protagonistas de la cinta, desaprovechamos oportunidades, ignoramos a personas por pura dejadez y tenemos menos control del que queremos creer sobre nuestra vida. Vivimos en una especie de ensimismamiento, en el que nos convertimos a nosotros mismos en la medida de nuestra realidad. Charlie Kaufman únicamente necesita diez minutos para dejar todo esto claro, sin necesidad de discursos grandilocuentes o situaciones improbables. El guion,  del propio Kaufman y Dan Harmon, a algunos les parecerá realista; a otros, pesimista. Y lo cierto es que es ambas cosas, ya que a medida que avanza la cinta, la ironía cede el paso a cierta sensación de desesperación, de estar atrapados.
La película se va tornando más oscura, según avanza y los personajes se despojan de aquello que les puede dar un matiz cómico. En todo caso, se trata de una de las construcciones de personajes más rotunda y redonda de la temporada. También destacable el que en lugar de permitir el “stop motion” imponga sus evidente limitaciones técnicas, Kaufman juega con ellas. Construyendo pasajes oníricos, jugando con las identidades y mostrando la futilidad de las decisiones tomadas como medida desesperada de huir del tedio. Ni Michael, ni (Anoma)Lisa, no resultan menos “humanos” por no ser reales.
Estamos pues ante una película donde el guion, lo que cuenta y como lo cuenta, son el eje principal. Todo lo demás queda realmente al servicio de lo que nos quiere transmitir. Y, a pesar de lo dicho anteriormente, no se trata de una película triste, ni oscura. Tampoco pretende aleccionarnos. Como un cuento con una buena moraleja, deja que sea el espectador el que interprete y saque sus conclusiones.

IMMACULADA PILAR COLOM.-

Deja un comentario
*