EPOPEYA HISTÓRICO-ROMÁNTICA INDIA

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Hijos de la medianoche surgió del enamoramiento de Deepa Mehta, su directora, de la novela del mismo nombre de Salman Rushdie, comprando los derechos de la obra y con la inestimable ayuda del escritor de Los versos satánicos. Se trata de una compleja historia que, partiendo del Día de la Independencia India, el 15 de agosto de 1947, nos explica la historia de dos niños, uno de clase pobre y otro, adinerada, que son deliberadamente intercambiados al nacer y de su vida que va trascurriendo paralelamente a los hechos históricos de su país.

La película no descuida la parte de melodrama romántico.

Los atractivos de la novela, es decir, la combinación de epopeya histórica, melodrama familiar, romanticismo y realismo mágico, se ven potenciados gracias a una espectacular y lujosa recreación histórica, nos sólo de los escenarios de la India y el Pakistán, sinó también gracias a una cuidada labor de vestuario y de dirección artística. Éste es el gran atractivo de esta ambiciosa y magna película de más de dos horas de duración.

Como si quisiera emular a grandes relato literario-cinematográficos, tales como Lo que el viento se llevó, pero trasladado a un escenario mucho más exótico y exuberante, con los olores, colores y sabores indios llenando los sentidos del espectador. Así pues, Hijos de la medianoche acierta en la construción de un mundo fascinante y en la traslación de una época tan convulsa como peligrosa, tan prometedora como complicada.

¿Entonces en qué falla esta cinta? Adaptar una obra de más de 500 páginas y condensarla en 2 horas y 25 minutos, captando su esencia y sin perder un ápice de naturalidad e interés es muy complicado. Los ritmos narrativos del relato pueden verse alterados y dañados, lo que conlleva a que la película se haga, en muchos momentos, lenta y larga, quedando estancada en tramas y subtramas que no parecen tener fin. No obstante, y a pesar de los fallos de ritmo narrativo, la película es un notable relato de época para acercarnos a unos hechos históricos que a todo espectador occidental nos resultan no por lejanos, menos fascinantes. 

JR PALOMAR.-

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