EL REY DE LA HABANA Y UN DIA PERFECTE PER VOLAR: CUENTOS Y FÁBULAS

En la crónica de la Sección Oficial del #63SSIFF os hablamos de El rey de la Habana, la nueva película de Agustí Villaronga y Un dia perfecte per volar, de Marc Recha.

EL REY DE LA HABANA: LA SUCIEDAD DE LOS BAJOS FONDOS

Pedro Juan Gutiérrez relata en su novela El rey de La Habana la vida en los suburbios de la capital cubana. La vida en la calle, en casas que apenas se sostienen. Sin luz, ni agua. Vida sin esperanza de poder salir de ese agujero en el alma cubana, sin más destino que la supervivencia. Literatura que ha sido calificada como “realismo sucio”. Pues bien, Augustí Villaronga ha escrito y dirigido la adaptación al cine de la novela. Ha escrito, dirigido y no ha escatimado en formas de conseguir que el espectador se sienta rodeado de podredumbre.

La película ahonda en ese realismo que relataba Gutiérrez, y a pesar de que somos conscientes que esa realidad existe y debe mostrarse en su correcta amplitud, aunque sea molesta o políticamente incorrecta, hay momentos que puede provocar rechazo en el espectador, que se sumerge en una mar de suciedad sin tiempo a coger aire.

En El rey de La Habana el único lenguaje que resulta puro es el sexo. Podrá ser más o menos violento, pero es la única comunión que los personajes conocen, y la única forma de expresarse en la que se dejan atrás estereotipos, reproches y realidades. Es también una forma de huida, de evasión. Es por ello que los personajes pasan más tiempo encamados que hablando. Esto no debe interpretarse como una frivolidad, sino como honestidad. De hecho, no hay ni un gramo de frivolidad en la cinta de Villaronga.

Sin embargo, la sensación de que los personajes no avanzan, que son incapaces de salir del agujero en el que viven, que es necesaria para relatar la historia, acaba convirtiéndose en la percepción de que es la película la que no avanza. Tras el accidente que cambió la vida del protagonista, y su posterior entrada en un correccional, Reinaldo ha de encontrar su fuerza, para sobrevivir en un mundo que le es tremendamente hostil.

A esta fortaleza se le une, recién salido de prisión, el descubrimiento del sexo. Todo esto hará de él un ser que se sabe invencible entre la mugre que la rodea. Pero tras ese descubrimiento, por muchos personajes que se crucen en la vida, por mucho que le marquen, la película no cesa de girar en torno a ese eje. La fuerza sexual y de carácter del protagonista como referencia única.

Estéticamente, poco que reprochar a una película que se sabía sucia desde antes de su concepción. Para ello Villaronga  cuenta con la fotografía de Josep Maria Civit como gran aliada. Bien el reparto también, con un sorprendente Maykol David y una vibrante y excelsa Yordanka Ariosa. Es en el desarrollo mismo de la historia donde la película sufre. Más que vernos arrastrados por una espiral que nos ha de hundir definitivamente en la oscuridad, parece que estemos girando en un movimiento infinito alrededor del miembro viril de Reinaldo. Esperábamos más de esta película que, para algunos, ha sido una de las decepciones de la Sección Oficial.

UN DIA PERFECTE PER VOLAR: LA CARTA DE AMOR DE UN PADRE

Marc Recha  concibe Un dia perfecte per volar como una carta de amor: La de un padre por su hijo, y la de ambos por la naturaleza. En la comarca de El Garraf Sergi (López) y Roc (Recha) hacen volar su cometa y su imaginación, inventando historias de gigantes, setas y medusas, mientras profundizan en su historia paterno-filial. La película, como una matrioska rusa va mostrando etapas de esta relación padre/hijo, añadiendo a la anterior una nueva capa de complicidad y amor.

Un dia perfecte per volar es una película conceptualmente pequeña. Pocos personajes (tres), rodada íntegramente en exteriores y en una única localización, y un guión sencillo. Sin embargo, la historia nos va dejando no sólo relatos de seres mágicos, sino también interrogantes sobre la verdadera relación entre esas dos personas, y aunque obtenemos respuestas al final, caemos en la cuenta que lo importante en la película de Recha es el camino, no el destino. Sus 70 minutos dejan buen sabor de boca.

IMMACULADA PILAR COLOM.-

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