EL NIÑO Y LA GARZA: VUELVE LA MAGIA DE MIYAZAKI

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Cuando The Wind Rises cerró su telón, uno podía sentir la emoción de ver un colofón de lo más personal de un autor que había revolucionado el cine de animación a través de su particular sensibilidad. Y lo peor es que no parecía tener un relevo, sobre todo por pertenecerá una mirada propia. Studio Ghibli se terminó tras El Recuerdo de Marnie sin nadie que pudiera ser el heredero. Los nuevos gurús del anime más «sensible» Mamoru Hosoda o Makoto Shinkai, a pesar de su talento, se mueven en otros parámetros. Y los intentos de replicar el sello Ghibli del studio Ponoc se quedaron en pálidos collage de su estética pero muy alejados de la óptica del creador de Totoro.

La vuelta de Miyazaki sorprendió a todos. De pronto, el creador de Nausicaa tenía otra cinta en mente con la que había estado trabajando tras siete años de hiato. La obra es la que finalmente tenemos a continuación que tras una insólita campaña de marketing inicial en su país de origen no soltó ninguna material promocional más allá de su póster. Ni una sola imagen. Ni un solo trailer. Nada. Solamente la imagen de una garza y el título del último proyecto del maestro Miyazaki.

Vista la película, uno entiende porque. Es difícil hablar de esta cinta tanto por sus cuotas de surrealismo ghibliano como la forma que esa praxis juega de forma consciente de las expectativas del espectador. Y también porque como menos sepáis del film, mucho mejor. Sin embargo, y con la cautela de un artificiero, voy intentar esquivar los spoilers y explicar cuales creo que son las claves del film.

1. El niño y la garza tiene muchos de los elementos que cautivaron a los seguidores de films como El Viaje del Chihiro, Mi vecino Totoro o El Castillo Ambulante. De hecho, las citas no son al azar. Muchas de esas claves que estaban en estos film citados a modo de guiños pero nunca como meras réplicas. Quizá estos sean los casos más evidentes pero hay otros que pululan por todo el relato.

2. Siguiendo con el hilo anterior (aún con el riesgo de poner «etiquetas») la cinta que más puede recordar en su metraje a El niño y la garza es El viaje de Chihiro. Aunque su primera parte nos recuerde más a una versión adulta de Totoro donde el niño que se muda a otro lugar está traumado por la guerra, el relato de Mahirito es otro viaje de exploración personal canalizado en un surrealista viaje a otro mundo, que está conectado al nuestro de forma aparentemente inesperada.


3. El niño y la garza no tiene a diferencia de las predecesoras el tempo narrativo de otras obras del director como El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o El Castillo Ambulante. Es una película más «lenta», que considero que le cuesta algo de arrancar en su primera mitad y que cambia tras un giro de timón marca de la casa. También es más adulta. Aparte de algún estallido de violencia a lo Mononoke, incluso su humor será mejor comprendido para los adultos que para los niños. Y es que El niño y la garza es para todos los públicos pero con una mirada más madura en su caligrafía.

4. Su densidad y por su surrealismo pueden hacer que más de uno se caiga del barco. También puede ser que se la juzgue en demasía por sus predecesoras ya que la sombras de las susodichas es muy alargada. Pero el caso es que es una obra que como aquellas que nos hechizaron anteriormente tiene muchas capas como para degustarlas en un primer «bocado». Lo que si se puede decir es que esa estética marca de la casa convive con la excelsa música de Joe Hishiashi.

5. Las temáticas del director están presentes. Al final, la obra es una reflexión sobre el duelo y como tirar para adelante. También nos habla de la guerra y del proceso creativo del arte de forma más simbólica. Una película de lo más pertinente que nos lleva una época de guerras y que cada vez nos sentimos más huérfanos de magia.

Conclusión: Si has visto las anteriores del director como las citadas, este es un excelente vuelta a casa. Y si no, descubrirá una gran película llena de grandes ideas y mensajes con los que reflexionar; la cual le puede abrir la entrada a un mundo lleno de fantasía, surrealismo y conciencia como es el universo que ha forjado en su filmografía Hayao Miyazaki en el Studio Ghibli.

JOAN BOTER ARJONA.-

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